Viajar, como sinónimo de conocer otros lugares, es un concepto que también se sirve en la mesa. El traslado puede celebrarse saboreando culturas diferentes, en gustos que transitan por el paladar, pero hay otra manera antigua de llevar el mundo al mantel, haciendo la travesía por las vistas que se hunden en el fondo del plato. En el siglo XIX se puso de moda estampar ciudades. Sus plazas, fuentes, paisajes, teatros, calles anchas e, incluso, cementerios, idealizados unos, reales otros, llegaron así a vajillas nacionales. Roma, Venecia, San Petersburgo, Sevilla, Madrid, Barcelona, La Habana y otros muchos lugares se presentan, gracias a esas lozas, ante la mirada y lo hacen con intención de parecerse al natural. Tal es la importancia de estas recreaciones que hoy, más que en la mesa, se encuentran en los museos. El de Bellas Artes de Asturias es un ejemplo. En sus vitrinas se exhiben orgullosas 49 ventanas al mundo, que ahora se han trasladado a un libro, como, poco a poco, se está haciendo con todos los fondos de la pinacoteca regional, que acabará convirtiendo en material bibliográfico todas y cada una de sus colecciones.
Titulada 'Vistas de ciudades en la cerámica española del siglo XIX', la publicación recoge, no sólo las suertes gráficas de las lozas catalogadas en Oviedo, sino un centenar de vistas creadas en las principales fábricas españolas de aquella centuria, en el primer estudio sistemático de este arte.
Su autor es Marcos Buelga, que, desde hace quince años, dedica parte de su talento al análisis de este tipo de arte gráfico industrial. Al libro se añade, además de las cerámicas nacionales, una serie titulada 'Habana', creada en las fábricas inglesas de la firma W. Adams&Sons. Publicación y estudio se abren así a toda panorámica grabada en loza en el siglo XIX de la que se tiene información.
El catálogo estudia cien vistas de ciudades estampadas en diferentes piezas de vajilla, platos, ensaladeras, soperas, incluso, jarras y jarrones. Se inicia con las fábricas de Sargadelos, que aporta 18 recreaciones de España y 12 de Cuba que suponen «la definitiva implantación de la técnica calcográfica en nuestro país, en una fecha relativamente tardía (1847)». Continúa el estudio con la amplia serie de la Cartuja de Sevilla y concluye con el análisis del resto de fábricas del país, como La Moncloa, Alcora, Busturia, Valdemorillo, Cartagena, San Juan de Aznalfarache, La Asturiana, La Segoviana y San Claudio, incluyendo también dos vistas de Cuba y dos de España de W. Adams&Sons. Y es que Inglaterra fue el primer país que difundió las imágenes de sus plazas a través de la cerámica.
A su ejemplo se fueron sumando, progresivamente, el resto de las fábricas europeas. Al principio, las más activas, entre las que destacan las dos españolas, fundadas, precisamente, por un asturiano, Antonio Raimundo Ibáñez, en el Sargadelos de 1806, y La Cartuja de Sevilla, que abría sus puertas en 1841 gracias a un inglés afincado en España, Carlos Pickman. «Unas y otras», dice Buelga, «se disputaron el mercado nacional, pero también el americano, preparando al efecto bastantes series estampadas».
Entre la realidad y el arte
Asegura el estudioso en el libro que las series españolas ofrecen un doble interés. Primero, porque nos acercan una imagen realista de España, ya que nacen después de que la fotografía irrumpiera en la vida y lo hacen al socaire de la nueva realidad imperante en las décadas centrales del siglo XIX. El otro gran atractivo nace del hecho de que aportan datos nuevos sobre su evolución de las artes gráficas, dado que reflejan muy bien los procesos de cambio impuestos por la Revolución Industrial.
De hecho, una buena parte de las vajillas reproducidas en esta publicación se muestran al lector al lado de su fuente litográfica. Y es que «la litografía», dice el autor, «tuvo un papel esencial al ser especialmente activa a la hora de asimilar la visión objetiva de la cámara fotográfica y beneficiarse, antes que otras técnicas, de sus primeros resultados prácticos, basados en la obtención de imágenes fijas por el procedimiento del daguerrotipo».
Cuenta Marcos Buelga que «con estas primitivas imágenes se realizaron algunas de las vistas pintorescas más celebradas de la litografía romántica del siglo XIX y a partir de ellas las copias que se estamparon en las fábricas de loza». Pero no todo fueron copias. En las vajillas que se pueden observar en el Bellas Artes y en otras muchas añadidas a este estudio se encuentran ejemplos de obras realizadas directamente del natural.
Coincidiendo con la interesante publicación del libro catálogo, el Museo de Bellas Artes de Asturias expone en la sala de Artes Industriales, en la planta baja de la casa de los Oviedo-Portal, las 49 vistas de ciudades que integran la valiosa colección regional.