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Lunes, 2 de enero de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Un brindis musical para empezar
La Orquesta Sinfónica de Gijón, dirigida por Óliver Díaz, ofreció anoche el concierto de Año Nuevo, en el que se obsequió al público con el primer disco de esta formación
RECITAL. La Orquesta Sinfónica de Gijón, en plena actuación, con Óliver Díaz a la batuta. / J. BILBAO
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Valses, polcas, operetas... Las piezas más populares, aquellas melodías clásicas que tienen hueco propio en el subconsciente colectivo sonaron anoche en el teatro Jovellanos, en el ya tradicional concierto de Año Nuevo. Música para premiar al alma en la primera velada de 2006 y también, por qué no, a los oídos, después de una noche tormentosa y de trasnoche casi obligado. La batuta de Óliver Díaz se encargó de que la Orquesta Sinfónica de Gijón (Osgi) recitara un programa seleccionado con mimo por el director de esta joven formación que acaba de cumplir su primer año de existencia. Y, junto a ella, en la segunda parte las voces de los solistas Beatriz Díaz e Israel Lozano, que encadenaron un concierto orquestal.

Un recital, el de ayer, que volverá a repetirse mañana para ese público rezagado que no quiere dejar pasar la oportunidad de asistir a una de las citas con la música más arraigadas de la ciudad. Anoche se registró lleno absoluto, un total de 1.170 personas acudieron, y además se las agasajó con el primer cedé de la orquesta, disco que recoge todo el trabajo realizado en 2005. El detalle, preludio de Reyes Magos, animó el ambiente, al igual que el copetín que se sirvió en el descanso. Sidra brut (nada que ver con el boicot pues se lleva haciendo así desde 2000) y mazapanes para un brindis en el que también participaron algunas autoridades fieles a esta convocatoria, entre ellas el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, que estuvo acompañada por algunos de los concejales de su equipo como Iván Álvarez Raja y María Antonia Fernández Felgueroso, y la directora del teatro, Carmen Veiga. A ella se debió la decoración navideña del coliseo, que destacó, sobre todo, por el marco creado en torno al escenario por decenas de flores de Pascua.

El rojo de las hojas de las poinsettias contrastó con la solemne puesta en escena de una orquesta que abrió la primera parte del recital con 'Preludio, coro y canción de Lamparilla', de 'El Barberillo de Lavapiés', de Barbieri, y continuó con fragmentos de otras conocidas piezas de este mismo compositor, de Torroba y Vives. Tras el homenaje a la música española, llegaron los valses de Strauss II. Piezas de 'El Murciélago', la 'Marcha persa', 'El vals del emperador' y, como cierre, 'La polca de los campesinos'.

Compases muy aplaudidos para entrar con buen ritmo en 2006.



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