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Lunes, 2 de enero de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
El Papa pide a la ONU una conciencia «renovada» de sus responsabilidades
Benedicto XVI despidió 2005 con un emocionado recuerdo hacia su «amado» Juan Pablo II
EL MISTERIO. Benedicto XVI visitó el belén que se ha instalado en la plaza de San Pedro. / EFE
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El papa Benedicto XVI pidió ayer a la ONU que adquiera una conciencia «renovada» de sus responsabilidades para promover la justicia, la solidaridad y la paz en el mundo durante la misa de Año Nuevo celebrada en el Vaticano y consagrada a la paz.

El Pontífice urgió al mundo a un «sobresalto de valor y de fe en Dios y en el hombre, para elegir emprender el camino de la paz». Este llamamiento se dirige «a todos», dijo, «a los individuos, a los pueblos, a las organizaciones internacionales y a las potencias mundiales».

La ONU en particular debe «adquirir una conciencia renovada de sus responsabilidades para promover valores de justicia, solidaridad y paz en un mundo cada vez más marcado por el amplio fenómeno de la globalización», declaró el Papa.

Benedicto XVI subrayó que es «más necesario trabajar juntos por la paz» frente «a las situaciones de injusticia y de violencia que persisten en varias partes del mundo», y a las «amenazas nuevas y más insidiosas contra la paz» que son «el terrorismo, el nihilismo y el fundamentalismo fanático».

El Papa alemán celebró la primera misa del año, generalmente dedicada a enviar un mensaje de pacifismo al mundo, en la basílica de San Pedro ante los principales miembros de la curia y el conjunto del cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede. Desde hace 30 años la Iglesia católica celebra el primer día del año, a instancias del papa Pablo VI, una jornada mundial por la paz.

La homilía pronunciada por Benedicto XVI con este motivo hace referencia al mensaje que dirigió el 13 de diciembre a los católicos de todo el mundo en previsión de este día. En ese texto titulado 'En la verdad, la paz', el Papa condenaba el terrorismo, el nacionalismo y la carrera armamentística nuclear, y defendía con vigor a las organizaciones internacionales, a la ONU en primer lugar. La paz también estuvo en el centro de su breve discurso pronunciado desde la ventana de su oficina, tras la oración del Ángelus. Benedicto XVI señaló entonces ante varias decenas de miles de fieles que ese camino pasa por «el diálogo, el perdón y la solidaridad».

También en su homilía de Navidad estuvo presente su apuesta por la paz, cuando Benedicto XVI hizo un llamamiento apremiante a un despertar espiritual del «hombre del tercer milenio», amenazado de «vacío en el corazón».

De esta forma, en lo que ha supuesto una especie de despedida de 2005, no podía faltar de nuevo una llamada a la conciliación. Lo hizo rezando vísperas y con un Te Deum en la basílica de San Pedro en agradecimiento a Dios, el dueño «del tiempo y de la historia», y con palabras cariñosas para su queridísimo antecesor Juan Pablo II.

Numerosas autoridades romanas, entre ellas el alcalde Walter Veltroni, asistieron a la misa de Benedicto XVI. «Mi pensamiento retrocede doce meses atrás, cuando el amado Juan Pablo II, por última vez, fue la voz del pueblo de Dios para dar gracias al Señor por los muchos beneficios concedidos a la Iglesia y a la humanidad», declaró Su Santidad con voz ronca.

Otras religiones

Haciendo un balance de 2005, el Sumo Pontífice se congratuló por los numerosos encuentros de la Iglesia católica con «otras iglesias y comunidades eclesiásticas» y por los testimonios de «aprecio y fraternidad» procedentes de muchos creyentes de otras religiones y de «personas de buena voluntad».

Volvió a citar a su antecesor para recalcar la importancia que éste concedía a la familia. Juan Pablo II «estaba convencido, y ha repetido en muchas ocasiones, de que la crisis de la familia perjudica mucho a nuestra civilización», declaró Benedicto XVI, quien hizo hincapié en que defiende una familia «fundada en el matrimonio».

También recordó a todas las personas «que pasan dificultades», a las «más pobres», a las que han sido abandonadas o han dejado de tener esperanza en el sentido de sus vidas o son «víctimas involuntarias de intereses egoístas, sin que se les pida su adhesión u opinión». «Hacemos nuestros sus sufrimientos», dijo el Papa.

Luego realizó una breve visita bajo la lluvia al gigante belén instalado en la plaza de San Pedro. Protegido por un gran paraguas blanco, el obispo de Roma se arrodilló delante del nacimiento y acto seguido se acercó a los personajes y saludó a los obreros del Vaticano que participaron, como cada año, en su instalación.



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