El ex delantero del Real Oviedo Carlos Muñoz no hubiera podido ir con su hija de 15 años ayer a comer si la ley se aplicara a rajatabla. Comió con su mujer, su suegra y dos amigos en la sidrería Pigüeña de la calle Gascona de Oviedo. Un local de 120 metros cuadrados donde el humo de los cigarrillos es una constante. Y en la mesa la polémica está servida.
El ex deportista es fumador, pero cree que no debería estar permitido fumar en ningún sitio: «Yo no dejaba fumar pitillos ni en los locales de 100 metros». «Yo digo no y punto, porque las 50.000 muertes y lo que le cuestan a la Seguridad Social las pagamos todos», añade su mujer, Manoli Pareja. A su lado está una amiga de la familia, Margarita Ferrero, 'fumadora natal'. «En tu casa puedes fumar pero a mí me estas provocando un cáncer», le reprocha Manoli. El marido de Margarita, Jorge González, también fumador, cree que la ley es ridícula. Pregunta si han visto un local donde no se pueda fumar. Sus compañeros de mesa no contestan y lo celebra con el pulgar levantado: «Hemos ganado».
El cartel que advierte de que se permite fumar en el establecimiento no ha cambiado la típica imagen de la familia comiendo en el bar Uría, de Llanes. Borja, de 11 años; Hugo, de 7; Álvaro, de 4, y María, de 3, tomaban ayer unos caldos junto a sus padres. Ninguno de los dos matrimonios es fumador y la nueva ley les parece «una chapuza», critica Luis García. «El cartel está en todos los sitios, así que da igual entrar en uno u otro», añade su esposa, Asun García.
En Avilés, Ángel Castrillón y su esposa, Chus Calvo, coincidieron en afirmar que «la situación no ha cambiado nada». Ayer decidieron ir a comer con sus dos hijas -Isabel, de cuatro años y Lucía, de dos, al restaurante La Posada- sabiendo con certeza que podían almorzar con toda tranquilidad en la zona de no fumadores de la planta baja, ya que la superior es para fumadores.
Ramón Roldán Rodríguez tenía una opinión similar. Escogió almorzar con su esposa y su hija de un año el restaurante Moisés, de Avilés, un establecimiento hostelero que cuenta con un buen sistema de extracción de humos, aparte de zonas separadas para fumadores y no fumadores.
Roldán indicó que él y su mujer eligen horarios en que hay menos gente, «para evitar el humo de los fumadores y para no tener problemas al entrar con la silla de la niña». Todavía tienen dudas sobre si los padres pueden entrar en un bar para fumadores con sus hijos.
Referéndum popular
Entre los hosteleros avilesinos, Miguel Ángel de la Fuente Cuervo -más conocido como Miguel Cuervo-, del bar Maruxa, dijo tener la conciencia tranquila. Organizó un referéndum en su establecimiento y el 67% de los clientes decidió que el local fuese exclusivamente para no fumadores. Ha recibido llamadas del programa de TVE 'España en directo' y de Radio Nacional de España, interesados por la experiencia. A su juicio, la polémica de Ley del Tabaco «es de transición, se irá diluyendo con el paso del tiempo».
Cuervo lo tiene claro: «Para nosotros, el voto de los clientes es lo más importante, más que la especialidad de la casa, la compuesta, y de los pinchos bien servidos».
En Gijón, Carmen López y César Díaz no lograron encontrar un local sin humos, aunque lo buscaron. «Ninguno de los dos fumamos, así que estamos de acuerdo con la ley», señalaron en compañía de sus hijos, Sara, de ocho meses, y Héctor, de dos años y medio, mientras tomaban en vermú en La Bellota, un restaurante donde sí está permitido consumir tabaco.
Tomás Gómez y Bonet dejó el vicio «hace mes y medio», por cuestiones de salud, pero está en completo desacuerdo con la ley. «Es un disparate, quien la redactó no ha fumado en su vida, porque esto no es algo que se deje de la noche a la mañana», opinó, mientras cogía en brazos a Lucía, su sobrina-nieta, de pocos meses.
Con sólo mencionar la norma, a Tomás le sale un chorro de críticas: «El absentismo laboral va a ser terrible. ¿Y qué hacemos con Extremadura, que vive de cultivar tabaco?», aseguraba.