La ley antitabaco pasó ayer su 'prueba de fuego' en buena parte del territorio nacional, donde era día laborable. En Asturias, habrá que esperar a hoy para ver cómo funciona la prohibición total de fumar en centros de trabajo.
Entre la resignación y el mal humor fluctuaron ayer los ánimos de aquellos fumadores que se enfrentaron a su primer día de trabajo sin poder encender un cigarrillo dentro de la oficina. En el llamado corazón financiero de Madrid, muy cerca de donde hace casi un año se incendió la Torre Windsor, se podían ver, a primera hora de la mañana, pequeños grupitos de personas apurando su pitillo matinal antes de comenzar a trabajar. Éste era el caso de las administrativas Maite y Laura, que hasta ayer fumaban en una sala habilitada por su empresa, pero hoy se encontraban en la calle pegadas a la puerta de la misma y con mucho frío, «porque yo soy canaria, volví ayer de la isla y allí hacía 25 grados», comentaba resignada una de ellas.
También se enfrentaban con resignación a esta prohibición, un grupo de tres jóvenes de una empresa de paquetería. Al igual que las anteriores, dijeron que «hasta ahora» se podía fumar en el trabajo en una sala especial durante los quince minutos de descanso, pero «ahora toca pasar frío».
Con rostros más serios y algo malhumorados, unos jóvenes ejecutivos se echaban el cigarro de la mañana, también pegados a la puerta de la financiera donde trabajan. Los fumadores tendrán que echar las cuentas porque la multas por fumar en un sitio en el que está prohibido van desde los 30 a los 601 e incluso hasta los 10.000 euros, si se convierte en grave, por reiteración de tres faltas leves.