elcomerciodigital.com
Martes, 3 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
GIJÓN
MARCELO PALACIOS ALONSO NUEVO HIJO ADOPTIVO DE GIJÓN
«La Sociedad de Bioética ha convertido a Gijón en un referente mundial»
«Las primeras corporaciones democráticas gijonesas nos encontramos una ciudad llena de carencias, sin escuelas, sin ambulatorios... Ahora es moderna y cosmopolita»
ORGULLOSO. Marcelo Palacios está contento por el «honor» que supone la adopción por parte de la ciudad en donde reside. / CITOULA
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Conocido por su papel al frente de la Sociedad Internacional de Bioética entre científicos de todo el mundo, el candasín Marcelo Palacios podía haber escogido cualquier lugar del planeta para vivir y trabajar, pero se quedó en Gijón. El médico y político socialista asume con orgullo su nueva condición de Hijo Adoptivo del concejo. Y no sólo porque haya desempeñado aquí numerosos cargos públicos. A sus ojos, Gijón se presenta como «una ciudad moderna, cosmopolita y abierta al mar».

-Enhorabuena. ¿Qué supone para usted este reconocimiento?

-Es un honor. En este sentido, debo reflejar un profundo agradecimiento a quienes me propusieron como Hijo Adoptivo y también a la propia junta de gobierno del Ayuntamiento por haber aceptado esa propuesta. Gijón me adopta, ¿qué voy a decir?

-Usted es candasín de nacimiento pero, en realidad, siempre ha vivido en Gijón. ¿Qué destacaría de la ciudad y de sus vecinos?

-Es una ciudad espléndida. Opté hace muchos años por vivir en Gijón, muy cerca de la villa donde nací, que es Candás, y aquí estudié el Bachiller y empecé a ejercer la profesión. He viajado bastante, pero Gijón siempre ha sido mi referencia. Vistos desde la cercanía, siento a los gijoneses con afecto, pero he de decir que la gente que viene de fuera siempre destaca que el gijonés es una persona abierta, generosa y laboriosa.

-Con su currículum podría haber vivido y trabajado en el país que quisiese...

-Eso todo el mundo lo puede hacer, pero nunca tuve la vista puesta en eso. Siempre quise retornar. Con la llegada de la democracia yo tenía que estar aquí.

Avances médicos

-Usted creó la Unidad de Quemados Graves en Jove, el servicio de Medicina Deportiva del Grupo Cultura Covadonga y dirigió la Casa del Mar. ¿Qué opina sobre la evolución de los servicios sanitarios en los últimos 25 años?

-Ha sido paralela a la evolución en Asturias y del resto de España. Es interesante compararla con otros sistemas de otros países que he conocido como médico y como paciente: tenemos una de las infraestructuras mejores de Europa. En los últimos años se ha dado un paso gigantesco para acercar al ciudadano la salud, algo a lo que Gijón no es ajeno. La labor del Ayuntamiento fue muy meritoria: se reflotó el Hospital de Jove, se peleó por la residencia geriátrica, que se había caído de los presupuestos, y se pusieron en marcha centros de planificación familiar que, aunque completaban la asistencia sanitaria, no eran muy aceptados por algunos sectores de la sociedad. El Ayuntamiento cedió además numerosos terrenos para los centros de salud de los barrios.

Radioterapia

-Una de las últimas prestaciones aprobadas es la Unidad de Radioterapia de Jove, que se instalará tras una fuerte reivindicación ciudadana. ¿Usted era partidario de su puesta en marcha?

-Siempre he considerado que, con los matices debidos, la prestación sanitaria debe estar cerca de quien la recibe. Además, estamos hablando de una demanda muy sensible, la de los pacientes con tumores. En mi opinión, ha sido una decisión muy acertada. Me alegro por Gijón y por el Hospital de Jove. Dicho esto, afirmar que debe haber una complementariedad entre la dotación de Jove y las unidades que funcionan en Oviedo.

-Pasó de soñar con ser médico en Candás a ser vicealcalde de Gijón. Como en el campo sanitario, en la política también ha asistido a una transformación de la ciudad sin precedentes.

-Cuando yo me incorporé, en los primeros ayuntamientos democráticos, Gijón era una ciudad con muchísimas carencias en el plano estructural y funcional. Faltaban escuelas, centro de salud... La ciudad ha ido sufriendo un cambio muy positivo: es una urbe abierta, moderna, cosmopolita, que mira al mar. Es una ciudad donde da gusto vivir. Se han mejorado las calles, los espacios libres, se recuperó la zona del río Piles, la playa de Poniente, el Puerto Deportivo... Aunque, como en la sanidad, siempre hay cosas que hacer.

-Se puede decir que usted fue pionero al crear en la ciudad la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI).

-Fui miembro del Consejo de Europa desde 1982 a 1996. Allí vi que había una gran dispersión de materias a nivel sanitario y científico, por eso, propuse la creación de la Convención sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina. Por entonces, se hablaba muy poco de estas cosas. Tras mi propuesta, me encargaron un espléndido castigo: hacer el informe sobre la convención. Tardé diez años, la presenté en Asturias y solicité que la firma fuese también aquí. Entonces, pensé que la comisión necesitaba una instancia que la cuidase y la difundiese y me propuse crear en Gijón la Sociedad Internacional de Bioética. El entonces presidente del Principado, Sergio Marqués, y el alcalde de Gijón, Vicente Álvarez Areces, me ofrecieron su respaldo. Personas de 16 países aceptaron inmediatamente el formar parte del comité científico de la sociedad.

58 países

-Han pasado ya casi nueve años desde la creación de la SIBI. ¿Qué destacaría de su papel en la escena científica internacional?

-Hoy la SIBI es una institución mundial de referencia. Es casi imposible hablar de bioética sin hablar de la sociedad. Por Gijón han pasado desde 1997 representantes de 58 países y ocho y nueve instituciones internacionales, como la Unesco, el Consejo de Europa y la ONU. Todo este tipo de cosas han favorecido que la SIBI, Gijón y Asturias sean una referencia mundial de la bioética. Nuestro trabajo está influyendo de un modo u otro en determinados ámbitos de decisión, como el pedagógico o el político. Hoy es casi imposible que un gobierno o un parlamento no tengan comisiones de bioética. Y un gran número de las personas que se citan en numerosos documentos son miembros del comité científico de la SIBI. En junio celebraremos un congreso sobre células madre y tendremos la oportunidad de que Gijón vuelva a ser una referencia.

-¿Qué opina sobre las reformas legales en materia de utilización de células madre en España?

-España estuvo muy retrasada en este sentido. Había una resistencia a utilizar las células embrionarias. Pero ya el Gobierno anterior, en noviembre de 2003, propuso que se usasen los embriones sobrantes. Se dio un paso muy importante, pero el cambio de Ejecutivo hizo paralizase el desarrollo de esa legislación. Ahora en España ya se pueden utilizar las células madre de tipo embrionario de la fecundación in vitro. Ya se han autorizado proyectos en algunas comunidades autónomas y yo vengo porfiando para que Asturias pueda sumarse a ese tipo de investigaciones, que serán muy útiles para algunos enfermos.

-La Universidad de Seúl acaba de refutar los supuestos logros de Hwang Woo-Suk sobre embriones humanos clonados. ¿Hay mucho impostor en el mundo científico de hoy en día?

-Woo-Suk vendrá a la reunión de junio de Gijón, así que será una buena ocasión para saber de primera mano qué hay. Ahora bien, siempre he entendido que la información científica debe ser veraz. Si Woo-Suk ha tergiversado los estudios, sería un hecho aislado dentro del mundo científico. Afortunadamente, la investigación y la ciencia seguirán adelante.

-También se publicó que Woo-Suk había utilizado óvulos de alumnas que estudiaban con él...

-Cuando aparecieron las primeras noticias, me manifesté con toda claridad: sería el colmo que una estudiante mayor de edad en plena libertad para decidir no pudiese donar sus óvulos para la investigación. Otra cosa es que se hayan obtenido bajo presión. Ahora parece que se han producido otras irregularidades. Eso es éticamente reprobable.

Protagonismo ciudadano

-Vistos estos casos, ¿no corremos el riesgo de que la evolución médica deje de lado toda ética?

-No. La ética y la ciencia han de ir siempre parejas. Éste será el siglo de muchas cosas, pero también de la bioética. ¿Por qué? Porque la bioética es un área de deliberación sobre el uso de las ciencias y las tecnologías en muy diversos campos, no sólo en el de la medicina. En este orden de cosas, este siglo de la bioética ya está siendo reconocido no sólo en España, sino también en Europa, Latinoamérica y Asia. Cada vez está más instalado en las sociedades y vive muy cerca del gran protagonista, que es el ciudadano.



Vocento