El derrumbe parcial del tejado de una casa habitada de Cimadevilla desató ayer la alarma entre los vecinos del barrio alto de la ciudad. Los importantes destrozos ocasionados en el inmueble, el número 7 de la calle de Atocha, obligaron a intervenir a los bomberos y a la Policía Local de Gijón.
El edificio siniestrado, que tiene bajo y dos plantas superiores y fachada rehabilitada, está situado en una recoleta calleja donde ni siquiera pudo acceder la autoescala de los bomberos. Afortunadamente, la suerte quiso que la vivienda amueblada situada justo debajo de la cubierta llevara vacía casi un año. De haber estado alguien allí adentro el techo le hubiera caído encima.
Según explicó el sargento de los bomberos del Ayuntamiento a EL COMERCIO cayeron aproximadamente un par de metros cuadrados del tejado. El derrumbe fue hacia el interior. Se rompió un madero -una viga longitudinal- y otro larguero también ha cedido y presenta grietas. Por este motivo, el peligro de desprendimiento del resto de la cubierta persiste, ya que «está apolillada y totalmente podrida».
Los dos únicos inquilinos del edificio, una pareja joven que vivía hasta ahora en el primer piso, llegaron a temer por su vida. Según relata César Veira, «estábamos viendo la tele en la cama cuando escuchamos el ruido de una explosión, como si fuera un gran petardo. Después ya nos dimos cuenta de lo que había pasado cuando vimos que el techo encima de nuestras cabezas empezaba a resquebrajarse». El preámbulo de lo que sucedió ayer sobre la una de la tarde lo vivió esta pareja en Nochevieja, cuando la tromba de lluvia les obligó a alojarse en un hotel por culpa de las goteras. Ahora, sin embargo, César tiene claro que no vuelve más con su novia al que en los últimos meses ha sido su hogar. Un hogar que, por otra parte, le cedió su abuelo, a quien los otros dos propietarios del edificio culpan de lo ocurrido por haberse negado desde siempre a pagar las urgentes obras de reforma. Se da la circunstancia que este inmueble con ruina incipiente, construido por Vipasa, fue escenario también hace treinta años de la explosión de una bombona de gas butano.
Quien también vive atemorizada por este suceso es Octavina Suárez, que reside pegada pared con pared al inmueble semiderruido. Desde hace trece años tiene una habitación de invitados impracticable por las filtraciones de agua. Y hace tres años -recuerda- a punto estuvo de causarle un descalabro una teja que se desprendió de la cubierta.
El último derrumbe registrado en Cimadevilla hasta la fecha había sido el que se produjo el 12 de mayo de 2005, en el número 5 de la calle de Los Remedios. En aquella ocasión cayó todo el lateral de un edificio habitado por una única inquilina de 82 años, que resultó ilesa. Este desastre, provocado por el socavón de las obras de construcción de la actual residencia universitaria del barrio alto, afectó también a un bar y obligó poco después a la demolición de un edificio anexo que quedó maltrecho.