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Martes, 3 de enero de 2006
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GIJÓN
GIJÓN
Un trabajador afable
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En muchos lugares, desde el Consejo de Europa, en Bruselas, o la UNESCO, en París, algunos bien remotos como Alinafe en Malawi (África), hay tres términos que se asocian de inmediato: Marcelo Palacios, Bioética y Gijón. Y con razón. No podemos olvidar que gracias a Marcelo Palacios, el 4 de abril de 1997, se firmó en Asturias, el convenio para la protección de los Derechos Humanos y la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina, del Consejo de Europa, el denominado Convenio de Asturias de Bioética, cuya importancia se compara con la Declaración de los Derechos Humanos. Fundador de la SIBI se dedica con ahínco, pasión y buen hacer a promover y difundir la Bioética. Bioética, entendida tal y como fue propuesta por Potter, allá por los años 70, como un puente entre dos culturas, las ciencias y las humanidades, como una nueva sabiduría que proporcione a la humanidad el «conocimiento de cómo usar el conocimiento», para que la aplicación de los avances de la ciencia y la tecnología no dañen al ser humano ni al planeta. Desde esta visión, Marcelo Palacios ha optado por no medicalizar la bioética, sino incluir otras muchas disciplinas y así la SIBI trabaja en cuatro áreas: la biología, la medicina, la alimentación y el medio ambiente. La Declaración de Bioética de Gijón del año 2000 recoge la propuesta de que la enseñanza de la Bioética se incorpore al sistema educativo y sea objeto de textos comprensibles y rigurosos. Sin duda, Marcelo Palacios ha contribuido a dicho debate público, y a difundir la Bioética entre la gente de la calle, entre jóvenes y mayores, en Asturias, en España, en Europa y en el mundo.

Además, su arrolladora y afable personalidad junto con su gran capacidad de trabajo y organización nos ha permitido enriquecernos y escuchar de cerca a muchos expertos mundiales de reconocido prestigio, varios de ellos Premios Nobel, en los más variados temas en las múltiples conferencias organizadas por la SIBI, así como en los Congresos Mundiales de Bioética (y ya van cuatro) y las Declaraciones: Declaración Bioética de Gijón (2000), Declaración Compromiso universal por la dignidad humana (2002), Alimentación en el mundo (2002), sobre el VIH/SIDA (2002) y contra el uso de Armas biológicas (2005). En un mundo global, no se puede permitir una Bioética de los países ricos y excluir a los del Sur.

Y es que gran parte de la humanidad, en los inicios del Tercer Milenio, está privada de los mínimos imprescindibles para vivir con la dignidad que le pertenece como ser humano, y por tanto los derechos humanos no son respetados. Y por tanto es tarea de la Bioética, así lo ha entendido el Dr. Palacios. Por todo ello y tu amistad, muchas gracias Marcelo.



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