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Martes, 3 de enero de 2006
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La bomba Jaddam
LA comisión de la ONU que investiga el asesinato de Rafia Hariri, ex primer ministro libanés, no ha perdido ni un minuto y ayer hizo saber que pedirá interrogar al presidente sirio, Bachar al-Assad, después de las declaraciones de Abdelhalim al-Jaddam, el antiguo 'número dos' del régimen. La comisión está sin jefe tras la renuncia del magistrado alemán Detlev Mehlis, pero prosigue su trabajo mientras se nombra oficialmente a un sucesor (tal vez un fiscal belga destinado en el Tribunal Penal Internacional) y ha dado el paso implanteable hasta nueva orden: interrogar al jefe del Estado sirio y a otras personalidades, incluido su ministro de Exteriores, Faruk al-Sharak.

La razón de esta actitud ha sido la impresionante declaración del ex vicepresidente Jaddam el viernes pasado a la cadena de TV árabe Al Arabiya, en Paris, adonde se trasladó con su familia hacia mediados del año pasado tras renunciar a sus cargos y, aparentemente, en términos de arreglo con el poder, aunque los medios informados mencionaron en seguida la palabra 'autoexilio'.

La reaparición del antiguo brazo derecho y vicepresidente de Hafez al-Assad, padre del presidente y creador del régimen baasista-alaui de Siria, es en cierto modo una sorpresa. Es, para que se entienda, algo así como si el almirante Carrero Blanco se hubiera ido a París para decir cosas tremendas del régimen de Franco y de un Franco-bis. En ese sentido, su autoabsolución después de haber estado a cargo por dos décadas del dossier libanés en Damasco es patética.

Pero, patética y todo, es una bomba. Subrayó que no estaba diciendo que el presidente Assad ordenara el asesinato, pero sí que se había amenazado a Rafic al-Hariri cuando se supo que el ex primer ministro libanés se disponía a reorganizar la oposición anti-siria y que es impensable que un servicio de seguridad ejecutara la operación por su cuenta, sin ciertos avales de la cúspide del poder.

En puridad, ambas cosas estaban ya en el segundo informe de la 'comisión Mehlis': la amenaza personal a Hariri, de modo explícito y con detalles; la segunda, de modo más implícito, permitiendo suponer que, en efecto, nadie se atrevería a dar el paso sin saberse políticamente a cubierto, pero dejando margen para lo contrario: hombres de mano de la Seguridad sirio-libanesa habrían podido actuar por su cuenta, lo que daba latitud a Damasco: el presidente se habría enterado por la radio



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