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Martes, 3 de enero de 2006
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La actividad cinegética lleva a 2.000 cazadores a la semana hasta la comarca
Se constata un aumento de las capturas y en la pasada campaña se abatieron 579 jabalíes En Cabrales, se venden al año seis cacerías de rebeco macho a 2.100 euros cada una y 4 de hembra a 1.200
ADIESTRADOS. A los perros se les prepara para localizar a las presas. / E. C.
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Entre las cuencas de los ríos Sella y Cares, más de dos mil cazadores se echan al monte todos los fines de semana para practicar su deporte favorito: la caza. Son los llamados discípulos de San Huberto, que en la última década están alcanzando registros de capturas que ni los más optimistas se hubieran atrevido a soñar a principios de los ochenta, cuando era más fácil rellenar una primitiva de seis aciertos que desalojar a una piara de navajeros de un encame en la espesura.

Los motivos de la proliferación del jabalí en los concejos de Parres, Cangas de Onís, Cabrales y las dos Peñamelleras, así como en la sierra prelitoral de Llanes y Ribadedeva, los sitúan los expertos en el progresivo abandono de los montes por el hombre y el ganado, con la lógica invasión del matorral y el aval de una exagerada abundancia de comida.

A todo ello hay que sumar la tranquilidad que reina en el interior de parajes que se van convirtiendo en inaccesibles, así como en la preocupante presencia y aumento del lobo en los Picos de Europa y la sierra del Cuera.

Sin duda, esta última circunstancia empuja a las especies de caza mayor a abandonar lugares donde saben de antemano que tienen la batalla perdida en un enfrentamiento corporal con el cánido. De hecho, ante la progresiva ausencia de ganado menor en el monte, corzos y jabalíes han pasado a convertirse en la despensa más a mano del lobo. Al menos eso es lo que argumentan los guardas de los cotos que cada día encuentran más esqueletos de suidos y cérvidos en los terrenos que controlan.

Cuando en octubre de 1982 se constituyó en Llanes la sociedad de cazadores Socoa, nadie habría vaticinado la presencia de más de una docena de corzos en el concejo y la existencia del jabalí era testimonial, limitándose sus guaridas a lugares muy concretos del Río de Nueva y de La Verde, en Purón.

Cambios

La presión sobre los montes en los que se cazaba de forma descontrolada todos los días de la semana y el aumento del furtivismo habían diezmado la fauna salvaje. Buena prueba de ello es que en el año 1982 sólo se abatieron dos jabalíes en el municipio llanisco en cacerías con cobertura legal. De esas épocas de penuria hasta los tiempos actuales se determina que en apenas 20 años de control, y con el peso de la ley sobre la cabeza de los infractores, las especies cinegéticas han vuelto a cobrar vida y el pasado año se tumbaron en Llanes 113 jabalíes y 41 corzos. Otros 17 navajeros fallecieron en la carretera bajo las ruedas de algún coche y los cérvidos hasta se atreven a presentarse de forma descarada en las cercanías de cualquiera de las treinta playas del litoral llanisco.

Lo que está sucediendo con el jabalí en la comarca oriental es algo inesperado hasta para los propios cazadores. Son los cerdos salvajes quienes están manteniendo la apuesta por la caza en unos momentos en los que se detecta que las personas más jóvenes se muestran reacias a participar en una actividad en la que los principales valores son la muerte y el uso de las armas.

Los chones están doblando la rodilla de forma espectacular y la cifra de bajas se amplía una campaña tras otra, sin que parezca que el censo de verracos se altere a la baja.

En siete municipios de la comarca -Parres, Cangas de Onís, Llanes, Ribadedeva, Cabrales y las dos Peñamelleras- 579 suidos entregaron el pellejo en la temporada 2004/05. En el coto de La Parraguesa, que cobija a cazadores de Parres y Cangas de Onís, se abatieron 297 guarros; en Llanes, 113; en Cabrales, 73; en Peñamellera Alta, 45; en Ribadedeva, 29, y en Peñamellera Baja, 22. No obstante, la nota más destacable incide en que para la presente temporada el padrón de cerdos salvajes fallecidos se va a ver incrementado con un superior número de certificados de defunción expedidos desde las detonaciones surgidas de rifles y escopetas.

De hecho, en Llanes y en Cabrales, cuando aún faltaban dos meses para la llegada de la veda ya se habían alcanzado las cifras de bajas de la campaña anterior.

Para la comarca oriental, esa presencia semanal de más de dos mil cazadores representa una importante fuente de ingresos. A través de la guardería se crean valiosos y estables puestos de trabajo. Existen bares y restaurantes que sábados y domingos abren puntualmente sus puertas antes de las siete de la mañana y al regreso de la montería los cazadores vuelven a esos establecimientos porque se trata de un colectivo muy agradecido hacia aquellos profesionales de la hostelería que les atendieron con cortesía al rayar el alba.

Es el momento de la comida y de planificar próximas cenas con el producto de lo que se ha extraído del monte. Las gasolineras también son punto obligado de parada porque los discípulos de San Huberto son hombres previsores que quieren entrar en la espesura con el depósito cargado de combustible para evitar cualquier contratiempo.

Corzo al rececho

No obstante, donde con mayor abundancia corre el euro es en las cacerías de corzo en la modalidad de rececho. Los cazadores locales no apetecen estas monterías que se utilizan para venderlas a turistas de elevado nivel. El precio mínimo por permiso es de 900 euros y el cazador dispone de cuatro días para abatir la pieza en compañía de un guarda. Buscar una buena cuerna requiere más de una jornada y la circunstancia suele llevar aparejada la presencia del cliente durante cuatro noches en un hotel, acompañado por amigos y familiares.

A ello hay que unir comidas, cenas, diversión, regalos, caprichos y una buena propina para el guarda si el cazador se siente satisfecho. En los últimos años, los principales clientes de este tipo de lance son empresarios madrileños y andaluces, sin olvidar la presencia de profesionales con nacionalidad francesa, mexicana y hasta iraní.

Todavía más interesante de resaltar son las cacerías de rebeco en el concejo de Cabrales. Allí, la sociedad El Jabalí, que es la que tutela el coto, recibe del Ayuntamiento la gracia de vender a los llamados turistas seis cacerías de rebeco macho a 2.100 euros cada una y cuatro de hembra a 1.200.

Los lances tienen lugar el los montes de La Molina y el Jascal y dejan en caja 13.200 euros que representan la fuente de ingresos más importante para los cazadores locales.

Bajo estos parámetros se confirma la teoría de que la caza es cara, a falta de averiguar cuánto le cuesta a cada cazador local hacerse socio de un coto. La Parraguesa tiene 700 socios que pagan una cuota de 150 euros por la caza menor y otros 150 por la mayor.

El coto de Socoa es de los más asequibles ya que los 400 cazadores llaniscos abonan 60 euros por la menor y otros 120 euros por enfrentarse al jabalí. En Cabrales lo simplifican mucho más y cualquiera de los 98 socios tiene que desembolsar 240 euros y con esa contribución se puede dedicar a la captura de cualquier especie cinegética.



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