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Martes, 3 de enero de 2006
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Oriente
Historias de escopeta
1.965. Cuadrilla de cazadores llaniscos en Posada capitaneada por Ceferino Gutiérrez Sánchez. / REP: NEL ACEBAL
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En los años posteriores al final de la Guerra Civil, eran escasas las personas de la comarca oriental que alcanzaban el 'status' de cazador, principalmente por carecer del permiso de armas tras haber sido identificados como sospechosos de simpatizar con el bando perdedor de la contienda fratricida. Los que habían sido cazadores antes de 1936 y no eran afectos al nuevo régimen fueron obligados a depositar su escopeta en el interior del cuartel de la Guardia Civil.

Durante veinticinco años, hasta 1964, los discípulos de San Huberto de la zona orientaban sus salidas venatorias hacia la caza menor, fundamentalmente arceas y liebres. El jabalí era una especie escasa y el corzo disfrutó de un largo periodo de protección.

El corzo es el cérvido español de menor tamaño cuya caza vive en la actualidad momentos de gloria tras la transformación del paisaje con un elevado aumento de la masa forestal. Aunque es un animal que se adapta perfectamente a zonas boscosas no duda en colonizar territorios agrícolas en los que se integra perfectamente. Además, es un sibarita al desarrollar una alimentación puntillosamente selectiva en base a materia vegetal de alto valor nutritivo y bajo contenido en fibras, generalmente despuntes de hierbas y plantas.

Aunque en la actualidad el corzo se caza casi exclusivamente en la modalidad de rececho, los primeros permisos que se otorgaron para su persecución en la comarca oriental, a partir del año 1964, orientaban las monterías hacia la practica en batidas, cumpliendo una función de caza social frente a la apasionante del aguardo. El primer corzo que se abatió legalmente en Llanes en aquellos años, dobló la rodilla en el lote conocido como el Río de Nueva y sus captores fueron los miembros de una cuadrilla de Pola de Siero que tenían como jefe de partida a un influyente capitán de la Guardia Civil.

Los cazadores locales estaban desorganizados y en la noche del 14 de setiembre de 1965 alcanzaron un acuerdo en Nueva de Llanes para formar un grupo cinegético con garantías. Capitaneados por Ceferino Gutiérrez Sánchez y teniendo como secretario a Felipe Sampedro Solís, hostelero de Posada, conectaron con la Sociedad Astur de Caza y empezaron a disfrutar de permisos de caza para jornadas de jueves y domingos. Manuel Cuanda Labastida fue el primer llanisco que abatió un corzo amparado en la legalidad a finales de setiembre del año 1965.



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