Lo primero que llama la atención al cruzar el perímetro de la obra de Buenavista es la ausencia de follón, previsible en una actuación de estas dimensiones. La parcela antaño ocupada por el Carlos Tartiere concentra 25.000 metros cuadrados. Pero no hay grandes ruidos, ni trabajadores corriendo de un lado para otro, ni capataces estresados. Cuando Jovellanos XXI calcula más de 400 trabajadores en el tajo esa misma mañana, cuesta creerlo.
El Palacio de Congresos de Santiago Calatrava es por ahora una simple estructura, incluso sencilla a simple vista. A lo largo este año que comienza, quienes atraviesen las calles de Álvarez Buylla, Ciriaco Miguel Vigil o Guillermo Estrada contemplarán la evolución de un equipamiento que ya cogerá apariencia.
Es el tramo definitivo de un negocio en cuya necesidad parecen coincidir todos los poderes de la región: el Ayuntamiento, gobernado por el PP; el Gobierno regional, del PSOE; dos de los grandes empresarios asturianos, y el sector completo del turismo local, recién asociado en el nuevo Club de Empresas Ciudad de Oviedo. Unos y otros confían buena parte de sus respectivas ambiciones y objetivos a este edificio de historia tan singular como su diseño.
La empresa responsable de la obra, creada 'ad hoc' y propiedad de Pepe Cosmen y Alberto Lago, iniciará la edificación cuando termine una de las labores de ingeniería más delicadas del proceso previo: el denominado 'desapeo'. Si los plazos se cumplen, a finales del primer trimestre las infografías empezarán a intuirse en Buenavista.
Los pórticos
En burdo resumen, la estructura primaria del palacio se levanta actualmente sobre seis plantas para aparcamientos y usos comerciales, la mitad de las cuales quedarán soterradas. La profundidad media es de 28 metros.
El armazón superior del futuro edificio ya puede contemplarse entero desde diciembre, y finaliza la primera gran fase de la construcción. Lo componen tres gigantescas estructuras de acero en forma de 'V', que rodean la cubierta sobre las plantas excavadas. Cada uno de estos pórticos pesa la inabarcable cifra de 3.500 toneladas. No en vano, sobre ellos descansará la edificación posterior, que alcanzará los 30 metros de altura.
La cara norte del conjunto da a la iglesia de los Santos Apóstoles (o sea, a la calle de José Tartiere y al parque Clarín), y será la parte abierta del complejo, el acceso al público. Las alas, a izquierda un derecha, servirán de ubicación a las oficinas del Gobierno regional, que ha materializado la compra de los 'corredores' a través de la empresa Sedes.
Al sur se ubicará el hotel. La 'V' de esta zona es más ancha. A diferencia de las otras dos, compuestas por seis descomunales brazos soldados en ambas direcciones, el pórtico central dispone de siete brazos y sirve para enlazar la triada entre sí. Entre sus pilares interiores circularán en el futuro dos grandes ascensores.
Las hileras de andamios que parecen sostener los pórticos las conectan en realidad a un complejo mecanismo hidráulico de control informático que regula su estabilidad. Cada uno de esos andamios verticales está surcado por numerosos cables y coronado por un sensor. El sistema sopesa el equilibrio individual de las 12 piezas (seis en cada dirección), o de las 14 en la 'V' central.
En una hora
El referido 'desapeo' consistirá precisamente en liberar los andamiajes en el momento que indique el programa informático. Las tres estructuras se asentarán entonces sobre su base central.
El proceso, complejo y milimétrico, necesita constantes pruebas y cálculos. Cuando la empresa decida realizarlo, previsiblemente este mes, durará apenas una hora.
La disposición de la parcela complica más el asunto. El terreno es más alto en el vértice sureste, el más cercano a Silicosis. Desde allí, la cota baja hasta seis metros en las perpendiculares, y hasta 12 en la diagonal.
Antes, sin embargo, decenas de soldadores completan las uniones de las piezas de los pórticos. El 'desapeo' necesitará luego unos días para consolidar el conjunto, tras lo cual los operarios colocarán una «chapa colaborante». Esta especie de suelo falso ayudará a la resistencia del forjado, y encima de él se hormigonará, para luego comenzar a colocar los pilares, como en cualquier edificación.
El Palacio
Dentro del espacio que 'abrazan' los tres pórticos se ubicará el palacio propiamente dicho, la conocida forma elíptica con visera móvil, que rápidamente se convertirá en icono comercial de la ciudad.
Santiago Calatrava denomina «costillas» a las piezas de la cubierta. La más larga alcanzará los 100 metros. Primero, sin embargo, Jovellanos XXI arrancarán los trabajos del voladizo, o porche de entrada. Si la adjudicataria logra despegar esta fase en febrero, al mes siguiente podrá verse ya la ejecución de la elipse.
Para entonces ya estudiarán ingenieros suizos el mecanismo más adecuado para el desplazamiento de la cubierta. El arquitecto ha elegido personalmente a los profesionales que se encargarán de dicha tarea.