Como si fuera un código de barras de un paquete de galletas -sean o no para perro-, esa especie de grano de arroz pero con pericarpio de materiales diversos, y en el que se ha grabado, y no precisamente por un artista de la miniatura china, un código de datos numéricos, se implanta el microchip bajo la piel del cuello de la mascota. Y ya está. Tenemos un animal con carnet de identidad, pero documento imposible de olvidar en casa. Según informaba EL COMERCIO, en Mieres comienzan el año almacenando información bajo la piel de algunos perros y gatos del municipio.