Los vecinos de Cimadevilla se reponen aún del susto que el pasado lunes provocó el derrumbe parcial de la cubierta de un edificio de la calle de Atocha habitado por dos jóvenes. Éstos resultaron ilesos al frenar la caída de los cascotes el techo de su vivienda, un primer piso. Los residentes del barrio alto, acostumbrados ya a periódicos sobresaltos de este tipo, consideran que el Ayuntamiento «puede hacer más» para prevenir en el futuro accidentes similares.
«En lugar de preocuparse de los colores de las fachadas, debería preocuparse primero de los problemas que afectan a la seguridad», se quejaba ayer Octavina Suárez, que vive pared con pared junto al inmueble siniestrado anteayer y cuyas paredes acumulan humedad por ese motivo. La mujer se refiere al Plan Especial de Rehabilitación Integral (PERI) de Cimadevilla, que en los últimos años acondicionó los viales y cambió por completo la imagen estética de muchas casas.
La presidenta de la Asociación de Vecinos Gigia del barrio alto, Aida Artime, también considera que la Concejalía de Urbanismo debería tener un catálogo con los inmuebles más deteriorados «para saber cuáles deben pasar la ITV y cuáles están en riesgo de caer». Según la portavoz vecinal, Cimadevilla ha mejorado mucho en los últimos años, lo que no impide la crítica constructiva para evitar sustos en una zona urbanísticamente «muy delicada». Recuerda que hay edificios muy viejos y con poca cimentación, por lo que cualquier obra, por pequeña que sea, puede desencadenar un derrumbe como el que afectó hace dos años a un inmueble de la calle del Rosario.
Chimeneas hundidas
En la calleja donde se produjo el hundimiento parcial del tejado de un inmueble hay más ejemplos del deterioro provocado por el paso del tiempo y el descuido de algunos propietarios. Es el caso del número 12 de la calle de Atocha, donde las goteras, que conviven con los desconchones, obligan constantemente a achicar agua los días de lluvia. Muy cerca de allí, en el arranque de Eladio Verde, dos chimeneas se han hundido en una casa afortunadamente deshabitada.
Al último edificio siniestrado hasta la fecha en Cimadevilla acudieron ayer otra vez los bomberos y la aseguradora del piso que se vio más afectado por el derrumbe. Este inmueble, conocido en el barrio como el del escalerón, es el más alto de la zona y hace treinta años fue escenario de la explosión de una bombona de butano que causó un muerto.
El PERI de Cimadevilla, que sigue vigente, determina diferentes grados de protección para los edificios del barrio alto. El plan establece el deber de conservación, salubridad y ornato de los propietarios y sólo contempla la posibilidad de una actuación municipal cuando el peligro trasciende a la vía pública.
Aunque no tiene el inventario que reclaman los vecinos, el Ayuntamiento sí tiene un registro de todos los solares de la ciudad. Vinculado a la actual Ley del Suelo del Principado, obliga a los propietarios, después de un determinado plazo, a darle una salida edificatoria a esos solares para evitar que se conviertan en vertederos urbanos.