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Miércoles, 4 de enero de 2006
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GIJÓN
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El influjo de Marte
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EL planeta rojo está presente en nuestras vidas mucho más de lo que creemos. No se trata ya de que podamos observarlo desde telescopios más potentes. No. Marte vive entre nosotros, sus criaturas (también llamadas marcianos) nos rodean, toman decisiones y hasta ocupan altos cargos en la Administración. Quizá en venganza porque, más temprano que tarde, los humanos acabaremos colonizándolo, Marte se rebela y envía a seres con formas humanas que tratan de engañarnos, confundirnos, para que no sepamos exactamente su procedencia. Pero no. Todavía nos damos cuenta. Hoy les quiero demostrar cómo, a través de un hecho acaecido recientemente en Asturias, los marcianos nos gobiernan mucho más de lo que nosotros pensamos.

La ministra de Fomento aterrizó en este planeta llamado Asturias para inaugurar dos tramos de la autovía del Cantábrico en su camino hacia la frontera occidental. Les recuerdo que, en una inauguración tan importante como fue la de las obras de El Musel, Magdalena Álvarez, ministra del ramo, no apareció por aquí, quizá por problemas, no sé, con sus viajes interestelares. Pues bien, digo que se trataba de la inauguración de los tramos entre Tamón y Vegarrozadas, cosa que, pese a que no oculta el retraso en la añorada variante de Soto del Barco, por lo menos nos permite llegar hasta el aeropuerto por autovía (gran logro de nuestra política en pleno siglo XXI, si se permite la ironía). La ministra, como complemento a su agenda, debía haber hecho acto de presencia en la apertura de otro tramo no menos importante (el de Trubia-Llera de la autovía Oviedo-La Espina), pero, claro, a veces la presión, la altura, el encontrarse en otro planeta distinto a su Marte natal, tiene estas cosas. Mientras los alcaldes de la zona la estaban esperando, ella se disculpaba diciendo que era «un malentendido de su departamento». Por las crónicas sabemos que no sabía siquiera que pertenecía a su ministerio (lo tuvo que preguntar al mismísimo presidente del Principado). Como si fuera una de esas megaestrellas del rock, bajó del avión y debió de decir algo así como: «A ver, ¿qué inauguramos hoy que tengo prisa?». En fin, saquen ustedes las consecuencias que quieran. Para mí, una ministra que viene a poner en servicio una autovía y ni siquiera sabe que la hizo es que no anda muy sobrada de talento.

Aunque, la segunda pista sobre la hipotética procedencia marciana de nuestra ministra, nos viene dada por las respuestas que dio cuando le preguntaron por el más que esperado Unquera-Llanes. El tramo de la vergüenza, el que retrata tal y como es la política asturiana; se quedó tan huérfano como estaba. La ministra lo solventó con un simple: «Lo realizaremos en el menor tiempo posible». Teniendo en cuenta que ya debería haber estado terminado en el año 1999, que ha sido utilizado como campo de batalla partidista durante años, que seguimos esperando por él como por la lluvia en el desierto y que, por lo visto en esta visita, ni se piensa en plazos concretos para las obras, es como para salir corriendo. Pero, ya saben, en el espacio el tiempo se ve de manera diferente. Que este sea el único tramo pendiente en toda la autovía del Cantábrico a su paso por Oriente da igual. ¿Qué es eso en comparación con la distancia a las estrellas, con los viajes en el tiempo, con el paso de los cometas?

A veces parece que la ministra de Fomento está más preocupada por deshacer lo que hizo su antecesor que por trabajar en lo suyo (¿a qué vino si no el anular tres tramos ya licitados de la variante ferroviaria de Pajares?). Como demostró en Corvera no tiene tiempo ni para tomarse una fabada (el único compromiso concreto que parece ser que había adquirido a su llegada). Las cosas en el planeta rojo son así. Un día estás aquí y otro... faltando a la inauguración de un tramo que ni siquiera sabías que era tuyo. Poderoso Marte.



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