EL presidente electo de Bolivia, Evo Morales, está en España y hoy se entrevistará con el presidente del Gobierno y dos de sus ministros en un ambiente confuso que mezcla la curiosidad general con la simpatía de la izquierda y la hostilidad de la derecha, pero todo con matices. El flamante jefe de Estado ha tomado muchas y solventes precauciones antes de emprender su larga gira (Venezuela, España, Francia, Bélgica, China, Sudáfrica y Brasil) entre las que descuellan dos: una entrevista descrita como constructiva y muy cordial con el embajador norteamericano en La Paz, Edgard Greenlee, y su negativa a la oferta de Fidel Castro de proporcionarle un avión oficial cubano para el viaje.
Así pues, además de la proeza de ganar las elecciones en su tierra siendo como es un indio pobre, ahora llevará a cabo la de visitar siete países en cuatro continentes utilizando aviones comerciales. Si sobrevive al trajín se podrá ver en él, ciertamente, a un líder correoso, paciente y de sentido práctico.
Los observadores discretos -en el sentido cervantino del término, o sea, prudentes y sin excesos- subrayan hace días los matices que Morales introduce para fijar su conducta y señalan su discurso a la patronal boliviana reunida en Santa Cruz, el corazón del país más industrial y desarrollado, el 26 de diciembre, en el que precisó considerablemente su programa económico nacionalista desde el criterio conocido de «buscamos socios, no patronos» al referirse a las compañías foráneas que explotan y comercializan los recursos energéticos del país.
La guinda de esa intervención fue la virtual confirmación de que no objetará el procedimiento ya en marcha y heredado del Gobierno saliente para la explotación de El Mutún, uno de los mayores yacimientos de mineral de hierro del mundo. El asunto se había convertido en una las más arduas polémicas nacionales antes incluso de la campaña electoral.
Todo esto pueden ser precauciones tácticas de un radical, pero también lo contrario: un intento de gobernar para la mayoría pobre desde una economía abierta. Condoleezza Rice se muestra, en buena profesional, prudente y a la expectativa y la columnista hispana del 'The Washington Post' Marcela Sánchez, poco sospechosa de veleidades de izquierda, ha recomendado esperar y ver tras reconocer el fracaso político del recetario económico norteamericano en América Latina. Con todo, Mariano Rajoy declinó reunirse con Evo Morales en Madrid.