elcomerciodigital.com
Miércoles, 4 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
OpinionCartas
Vicios privados, públicas virtudes
El 'Gran Ojo' que nos gobierna, aquel que todo lo ve y todo lo remedia, el abanderado de nuestra salud y nuestro tiempo libre -nuestra vida, al fin y al cabo- ha decidido que a partir de la hora cero del pasado día uno nuestra salud ha de ser públicamente mejorada. Y para ello no se le ocurre otra cosa que proclamar la guerra santa contra el tabaco -lo pongo en minúsculas para que nadie vea en ello connotaciones que no tiene, aunque en el fondo sea lo mismo-.

Por supuesto, nadie va a dudar de los perjuicios que tal hábito, enganche, vicio, azote de los tiempos, produce en nuestro metabolismo. No es eso de lo que se trata. Lo que me preocupa a mí es que, de un plumazo, nuestros bienpensantes manejadores decidan quitarnos de fumar en pro de la salud pública ciudadana y, sin embargo no nos quiten de ingerir comida basura, respirar aire contaminado, beber alcohol adulterado, vivir de una pensión mínima, convivir con tanta quincalla, trabajar explotado, todo eso que usted sabe... Porque todo eso va también en detrimento de nuestra salud, por si no se habían dado cuenta. Pero, claro está, mientras la ropa que cuelgue en el patio tenga un blanco luminoso, la de puertas adentro puede tener sin ningún problema el tufillo rancio de una pertinaz suciedad. Es decir, que lo que se vea sea lindo, que las pústulas ya nos cuidamos nosotros de taparlas, como siempre. La hipocresía se va adueñando poco a poco de todo, y a fuerza de ser usada la vamos viendo como algo natural. El 'Gran Ojo' escudriña, decide y manda -prohíbe, en una palabra-. Pero no se detiene a pensar en las muchas cosas que podría hacer para que nuestra salud, la física y la mental, pudiera mejorar, y eso que con los impuestos que cobran del tabaco lo podrían hacer con toda seguridad. Es más fácil disfrazarse de Rey Mago -seguro que a poco que piense sabría cuál de los tres- y repartir leyes envueltas en papel de brillo y lazo maravilloso. Qué importa que Gilda fumara, a fin de cuentas no era moderna y encima iba de pendón. Lo dicho, que esto es un asco. Eso sí, sin olor a tabaco.



Vocento