Jóvenes y adolescentes españoles están «enganchados» no sólo al tabaco, con una edad de inicio a los 13 años, sino al alcohol e incluso al cannabis. Por ello, y tras la ley contra el tabaco que entró en vigor el pasado domingo, una de las estrategias principales del Ministerio de Sanidad es abordar fórmulas para hacer frente al creciente consumo abusivo de alcohol en nuestro país, sobre todo entre los jóvenes.
Según los últimos datos ofrecidos por el Observatorio Español sobre Drogas, y que tienen como referencia a chicos de 14 a 18 años, dos de cada tres son consumidores habituales de alcohol, con preferencia por las cervezas en días laborables y los combinados y cubatas en fines de semana. En total, de los 2.306.000 chavales de 14 a 18 años que viven en España, más de un millón y medio «beben» con frecuencia y a veces sin límite. De ese millón y medio, un 34,8% por ciento reconoce que se ha emborrachado al menos una vez durante el último mes. Lo que supone que más de medio millón de españoles, de chicos y chicas desde los 14 hasta los 18 años, se emborrachan con cierta asiduidad, e incluso casi doscientos mil lo hacen cada semana o más veces.
Existe un problema sobrevenido con el tiempo. Mientras que en el tabaco muchos jóvenes ven un riesgo, al alcohol lo consideran una sustancia menos peligrosa. Los números son muy claros: el tabaco es causa directa de cincuenta mil muertes al año en España, y el consumo excesivo de alcohol de unas 18.000, según las fuentes oficiales. Así, el tabaco ha sido el caballo de batalla durante el año pasado, y se han abandonado en parte los problemas que causa el alcohol en la sociedad, sobre todo entre los más jóvenes, porque «la conciencia de riesgo ha bajado».
El Ministerio de Sanidad estudia cómo afrontar de la mejor manera posible el problema, si a través de una estrategia, un plan, un proyecto de ley...pero siempre se pretende «centrar los mayores esfuerzos en la prevención», según quedó explicado en el Plan de Acción 2005-2008 contra las drogas, que aspira a «una movilización social, educativa y cívica».
La estrategia tiene tres puntos centrales: juventud, tráfico y ámbito laboral. Entre los chavales, se aspira a impartir programas educativos sobre drogas en centros de primaria y secundaria y, además, crear programas de ocio alternativo. En este sentido, se pretende «sensibilizar sobre riesgos objetivos, sin alarmas exageradas». Uno de los puntos importantes es «reforzar la colaboración con las centrales sindicales y organizaciones empresariales en el ámbito laboral», y llevar a cabo «actuaciones en el mundo laboral con la participación de todos los estamentos implicados». Y, por supuesto, acciones específicas dirigidas a disminuir el consumo de bebidas alcohólicas en la población general y, especialmente, en la población joven».
Promoción y publicidad
Se menciona en este sentido la necesidad de impulsar «mecanismos de autorregulación y, en su caso, disposiciones que limiten la promoción y publicidad del consumo de alcohol dirigido a los jóvenes» y «acciones y programas tendentes a disminuir el consumo de alcohol ligado a la conducción de vehículos».
Según cifras oficiales, al menos uno de cada tres fallecidos en accidente de tráfico tenía en sangre una tasa de alcohol más elevada de lo permitido. En la misma línea, se habla de «reforzar los programas dirigidos a reducir los daños derivados del consumo de alcohol y de otras drogas» y asimismo de «promover equipos de asesoramiento en comisarías y juzgados para atender a las personas drogodependientes detenidas».
Todo, sin embargo, parece supeditado a la realización, primero, de «un estudio sobre consumo, problemas asociados y dependencia del alcohol en la población general y especialmente en el colectivo juvenil».