Pocas personas conocen sus historias. Lo normal es que nadie tenga interés en escucharlas porque, en el fondo, a poca gente le importa por qué están ahí y por qué están así. Los mendigos, los 'sin hogar', forman un escuadrón de desarrapados que no sólo sufren su propia desgracia, sino también la de ser los parias de la sociedad del consumo. La Oficina de Información al Transeúnte, en la avenida de la Constitución, en muchas ocasiones, es el único vínculo que mantienen con la sociedad. Un lugar donde son escuchados y reciben aquello que les puede hacer la vida más llevadera.
Tres organizaciones -Cáritas, el Albergue Covadonga y la cocina económica- se reunieron con representantes municipales con el objetivo de que «la estancia en la calle sea lo más agradable». Como resultado surgió esta oficina, en la que una asistente social se encarga de solucionar ciertos problemas habituales. En 2004, atendieron a 10.237 personas, lo que arroja un promedio de 853 al mes. Y la mayoría solicitaron albergue y comida.
Después, las principales necesidades fueron los productos de farmacia -que solicitaron 439 personas-, el uso del teléfono -1.138-, solicitud de información -1.494 personas-, ayuda para los trámites del DNI -9-, y fotografías para el mismo -33-.
Del total de personas atendidas en la oficina, 893 eran transeúntes y 645 tenían origen asturiano. Resulta curioso descubrir que de entre todas esas personas que acudieron hasta la oficina sólo 188 eran mujeres. «Tienen más facilidad para enfrentarse a la vida», apuntan en la oficina.
Las variables por las que una persona puede verse obligada a caer en una situación de marginalidad son múltiples: cuestiones laborales (desempleo, mala remuneración o sin inscripción en la Seguridad Social), problemas monetarios (ingresos insuficientes o irregulares, endeudamiento), culturales (analfabetismo, minorías étnicas), personales, familiares y sociales.
Conocerlos directamente
A pesar de todos los datos que se acumulan en torno a estas personas, la intención de las organizaciones que conforman la oficina no es otra que «tratar de conocerlos, no como estadística, sino de manera directa, mediante la intervención». Se escucha y se conocen los problemas de cada persona.
Aunque lo que trata de solucionar la Oficina de Información al Transeúnte son cuestiones inmediatas -«los que buscan es salvar el momento»-, también tratan de involucrarles en los problemas que sufren y echarles una mano. La Cocina Económica, entre otras labores, atiende a todas aquellas personas que sufren «adicciones incipientes» y que quieren intentar dejarlo. Es el primer paso. Después acudirán a centros asistenciales o a Proyecto Hombre, donde tratarán de reintegrarse en la sociedad.
A pesar de que muchos no aceptan las obligaciones que entienden que se les trata de imponer desde fuera, existe entre ellos una jerarquía. «Se conocen y se respetan. Saben cómo deben protegerse». Este sistema de autoprotección, les empuja en muchas ocasiones a adquirir una actitud de «autodefensa contra todo». Esta es una barrera que en la oficina, y en las organizaciones que la sustentan, deben salvar. «Hay que ofrecer, pero sin exigir».
Respecto al papel de la sociedad con estas personas, la oficina tiene claro que «desea ayudar a este grupo de gente»; otro tema es «cuando el problema está a la puerta de tu casa. Entonces, a veces, no se quiere intervenir», matizan.