Los Reyes Magos fueron tempraneros en Contrueces. A las cinco de la tarde, la Cabalgata llegaba al barrio. Los tres Magos de Oriente recorrieron las calles del barrio para repartir no sólo caramelos y globos, sino también juguetes para todos. Precedidos por una carroza en la que se representaba un belén viviente, los Reyes fueron escoltados durante todo el camino por un séquito de niños que 'empuñaban' los caramelos con fuerza.
Los villancicos no podían faltar en el desfile que iban abriendo camino a la carroza real. Al final, y tras mucho buscar, los vecinos lograron el deseado tractor en el que pudieron recoger a los tres Reyes Magos y darles una vuelta por Contrueces.
Como no se querían coincidencias con la gran Cabalgata de la ciudad, Sus Majestades entregaron pronto los regalos a los más pequeños del barrio. Más de 200 niños recogieron sus juguete, primero, durante la visita de los Reyes a la Asociación de vecinos Los Ríos, en la que atendieron a los más pequeños, y al terminar, cuando ya repartieron el resto de regalos. Los Reyes, en Contrueces, aprovechaban cada parada para interrogar a los niños «¿Has sido bueno?». La respuesta era obvia, «muy bueno». Puñado de caramelos y a esperar a la noche a que los volvieran a visitar.
Tradición y caramelos
En La Calzada se recuperaba una de las grandes tradiciones del barrio, la Cabalgata del día de Reyes. Allí, una vez más, los tres Magos se acercaban a los pequeños que les llamaban a gritos, les pedían caramelos y que se acordasen de sus regalos esa noche.
El ejército medieval fue el encargado de abrir el desfile. Dos de los soldados, a caballo, custodiaban a un pequeño ejército, con los niños ataviados de caballeros con la cota de malla. Después llegó el momento de los villancicos, a ritmo casi de tecno, que acompañaban la carroza del nacimiento viviente. Una carroza repleta de pequeños pastorcillos con las boinas y las chamarras de borrego para protegerse del frío.
Después, cuando pasó el belén, llegó el ejército de los moros. Armados con alfanjes y vestido con túnicas, los pequeños guerreros defendían la llegada del primero de los reyes magos, Melchor que lanzaba caramelos, a diestro y siniestro, con la ayuda de su paje. A este le seguía el ejército de los judíos que iluminaban el desfile con las teas que portaban. Los romanos, con una representación de soldados a caballo, acompañaban a Gaspar, que apareció en una carroza verde saludando a los vecinos del barrio de La Calzada. La infantería apareció en el barrio protegida con los escudos en los que se podía observar un león como emblema.
La música, a parte de la grabada, la puso un grupo de tambores y cornetas que acudió hasta Gijón desde la localidad de La Bañeza, en León, que precedió a la llegada de Baltasar en su carroza plateada.
Los egipcios fueron los encargados de cerrar el festejo, vestidos de blanco y con al cabeza cubiertas como gobernadores del país del Nilo. También Montevil disfrutó este año especialmente de la Cabalgata. La salida de la zona de los Magos hace del barrio uno de los puntos claves del recorrido, en el que se reúnen miles de personas.