Los Reyes Magos pasaron ayer, como todos los años, por la parroquia de Somió. Y antes y después de recorrer sus calles y caminos, se detuvieron en la iglesia parroquial de San Julián. Allí, depositaron regalos para cerca de los dos centenares de niños que acuden a la catequesis para preparar su Primera Comunión.
Pero no fueron los únicos receptores. El párroco, don Pío, tuvo también su ración de generosidad real : una cómoda butaca de despacho y un teléfono móvil. Modernidad y tradición se dieron la mano.