Los gijoneses consumen a diario 27,7 litros de agua más que el resto de los españoles. La cifra corresponde al balance de 2004 y se sustancia en la comparativa de los 192,7 litros de promedio que arrojó la ciudad por persona y día, y los 165 del ámbito nacional. Unos guarismos que superan, por tanto, el promedio del país, pero sobre todo el de algunos municipios en los que las campañas de ahorro han surtido especial efecto, como Zaragoza, donde cada vecino gasta 107 litros al día, 85,7 menos que en la villa.
Estos datos fueron expuestos ayer por Diego Chueca, experto en gestión de los recursos hídricos, durante su intervención en una mesa redonda organizada por la Empresa Municipal de Aguas (EMA), dentro del programa de actos previsto por su su 40 aniversario. La conclusión a la que llegó el ponente fue contundente: «En Gijón se puede decir que despilfarramos el agua».
Chueca explicó que las campañas de sensibilización no han dado los resultados esperados en el municipio, de ahí que la ciudad se sitúe a la cabeza de España en el consumo doméstico de agua. «La falta de conciencia de que el agua es un bien escaso y limitado es la razón por la que los gijoneses abusan de ella», apuntó el experto. En este sentido, indicó que el hecho de que en el Principado sean abundantes las precipitaciones redunda en una «ausencia total de la percepción de un problema tan grave como es la sequía».
«Reeducar hábitos»
Los participantes en la mesa de debate destacaron la importancia de reconducir los hábitos de los vecinos. «El gran reto de la ciudad es reeducar el consumo para ir reduciéndolo poco a poco. La gestión que hace la EMA es modélica a nivel nacional, tal y como demuestran los bajos niveles de fugas en la red y la marcha del saneamiento», señalaron.
Chueca propuso aumentar el precio del agua para invertir esta tendencia. Desde hace dos años, el Ayuntamiento penaliza los consumos bimensuales superiores a 40 metros cúbicos y, desde hace sólo uno, los que superan los 60 metros cúbicos. Además, el experto en gestión hídrica recordó que, de forma paralela a la subida de tarifas, «es necesario implicar a la población para que los ciudadanos comprendan que el ciclo del agua es un todo, y que no podemos contaminarla porque siempre es la misma desde el mar a las nubes, la lluvia, la tierra, los ríos y vuelta a empezar».
Además de los usos domésticos, los consumos industriales suponen un importante 'agujero' en las reservas de la ciudad. Chueca comentó que en la fabricación de una silla se emplean unos 5.000 litros de agua. Otro importante sumidero son las zonas verdes. Regar un campo de golf como el de La Llorea hace desaparecer un millón de litros en una sola noche. Si en vez de tener 18 hoyos tiene 27, las cifras alcanzan niveles desorbitados.