Vio una enorme y densa humareda en el cielo a través de la ventana de su casa. Desde Mareo, supo que salía de la avenida de El Llano, donde vive su suegra. «He venido volando porque pensaba que le había pasado algo. Fue un presentimiento, no sé lo que pasó por mi cabeza, pero bajé volando porque temía que hubiera pasado algo malo», explicó ayer Rosalía Rivero, aún sobresaltada por el suceso. A su lado, Ricardo Díaz también intentaba calmarse después del susto. Había ido a ver a su abuela y, cuando llegó al portal, vio a decenas de vecinos, policías y bomberos, pero no a ella. Pensó lo peor. La mujer, de 88 años, vive en uno de los pisos más altos del número 51, así que apenas se vio afectada por el incendio.
Agustín García apenas podía articular palabra. Había salido con su mujer a la compra, y al acercarse al barrio, vio la negra humareda. «¿Se nos quema la casa!», gritó antes de dejar a su esposa en la calle y dirigirse a toda velocidad a su piso. Cuando llegó al portal se encontró con Manolita, vecina del primero.
La mujer vio las llamas pegadas a su ventana del salón. Los cristales saltaron en pedazos y las persianas se derritieron por el calor. Salió de la vivienda tan rápido como pudo, sin coger nada. «Lo único que quería era ponerme a salvo y hablar con mi marido».
Todos los afectados comentaban que el fuego «se desencadenó ayer, pero pudo haberlo hecho cualquier otro día, porque ese patio es un peligro».