España ya no es una «sucursal» de las bandas organizadas, sino una reputada oficina central. El abanico se ha abierto y los delincuentes tocan todos los palos: tráfico de drogas, de armas, de seres humanos, de vehículos, asaltos a viviendas, blanqueo de capitales, falsificación de documentos... En no pocas ocasiones lo hacen de forma combinada. Los atracos violentos en domicilios no son una novedad pero se han revitalizado, según admiten los investigadores. En uno de los últimos dos atracadores acabaron muertos. Pertenecían a una red de colombianos especializada en esos robos y en quitar droga a bandas rivales.