Hay un verbo nuevo, 'marbellizar', que viene a definir la acción de cubrir de ladrillo la costa y acabar con el entorno natural. Los grupos ecologistas aseguran que Asturias se va a 'marbellizar' en breve al estar prevista, dicen, la construcción de unas 60.000 viviendas y, de hecho, el proceso ya ha comenzado. Del otro lado, los constructores rechazan de plano esa posibilidad y dicen que el Plan de Ordenación del Litoral Asturiano (POLA) se encarga de evitar cualquier tipo de exceso urbanístico. Es más, reclaman a las administraciones, tanto a las locales como a la regional, que mejoren los servicios en los municipios costeros para hacer posible que ese crecimiento sea ordenado.
Lo dice el presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de Gijón (Asprocon), Manuel Pastor, quien asegura que «no se puede crecer sin dotaciones de servicios adecuadas en los municipios costeros» como la electricidad, el gas, el saneamiento y la mejora de caminos y accesos. Por eso advierte a ayuntamientos y al Principado de que sólo con estas dotaciones se puede aspirar a «un crecimiento ordenado», algo que no sólo incumbe a los constructores y las normas urbanísticas, sino también a los poderes públicos. De hecho, se trata de una reclamación que ya es clásica en la Asociación de Constructores del Oriente de Asturias, que se encuentran de manera recurrente con este problema, sobre todo, en las poblaciones pequeñas.
Decirle este tipo de cosas a los ecologistas es como echar gasolina al fuego. Porque, según vienen criticando desde hace años, la imparable 'marbellización' de la costa asturiana lo que menos necesita es dar facilidades a los constructores. El portavoz de la Coordinadora Ecologista de Asturias, Fructuoso Pontigo, llama la atención sobre la implacable «presión urbanística» al que están sometidos los municipios costeros, aunque no se sorprende de que los constructores pidan más. Al fin y al cabo, «es su negocio».
El problema es que, a su juicio, las 60.000 viviendas previstas (unas en planes generales y otras en convenios especiales) pondrán en peligro el paisaje, la cultura y el modo de vida asturiano. Pontigo asegura que «un 90% de esas nuevas construcciones serán para segundas residencias», y matiza que dentro de esas 60.000 no se incluyen las previstas en Gijón, porque su destino no será turístico.
¿Cómo se llega hasta esa cifra? Fácil: «Sumamos los datos que manejan los ayuntamientos sobre suelo que tienen liberado o previsto liberar», explica Pontigo. En otros casos, como el de Llanes, «donde ya no hay suelo, está revisto recalificar terreno para hasta 11.000 viviendas si el mercado sigue tan bien como hasta ahora».
Hay casos que llaman la atención de manera especial, como es el de Caravia, donde «ahora hay 390 viviendas y el plan urbanístico contempla la construcción de 1.900». Los ecologistas creen que incluso se llegará más lejos, «hasta las 2.500». O en ciertas pequeñas poblaciones de Ribadedeba «que ahora tienen 45 viviendas y se plantean construir 245; supone la modificación de pueblos enteros».
La cuestión urbanística ya hace tiempo que se asentó en la arena política, y el partido más beligerante es Izquierda Unida. Recientemente, su coordinador general en Asturias, Jesús Iglesias, globalizó el problema a toda la región, y no sólo al Oriente, se refirió también a las 60.000 viviendas proyectadas e incluso alertó sobre la vinculación de algunas actividades urbanísticas con el blanqueo de dinero.
Los constructores afrontan todas estas críticas con aparente tranquilidad. Serafín Abilio, presidente de la Confederación Asturiana de la Construcción, se limita a asegurar que el sector no tiene problema alguno con nadie y que en Asturias «no hay el afán expansionista de otras regiones, como Cantabria», con presión urbanística superior.
También recuerda Abilio que en el POLA todo está regulado, y Manuel Pastor, de Asprocon, subraya la importancia de esta regulación, «que no tienen otras regiones», porque garantiza que «la costa se va a preservar de edificación». Por eso Pastor asegura que «hay más alarmismo que realidad en la hipotética 'marbellización' que anuncian los grupos ecologistas».
La importancia del golf
La cuestión urbanística costera tiene una clara vinculación con la práctica de un deporte: el golf. Fructuoso Pontigo recuerda que en estos momentos «está proyectada la construcción de unos 18 campos de golf» a lo largo del litoral regional. Un número excesivo si se tiene en cuenta que «en Asturias ya existen once y, pese a su impacto paisajístico, no han atraído turismo de calidad ni riqueza». Además, señala que siete de ellos son municipales, «algo sorprendente cuando en el resto de España la media es que sólo el 10% sean públicos».
Los constructores no ven peligro alguno en todo esto. «Sí hay en marcha actuaciones con campos de golf que conllevan edificación residencial turística, pero eso no es malo si no se hace mal», explica el presidente de Asprocon. En primer lugar, asegura que «están dentro de los límites del POLA» y, por otro lado, mantiene que este tipo de proyectos «dinamizan a los ayuntamientos costeros». Eso sí, reitera que todo lo anterior debe hacerse de forma ordenada y cuidando «el estilo edificatorio, que se haga con buen gusto».
Pero el gusto cambia mucho de una zona a otra y de un país a otro. Porque otro de los temores de grupos ecologistas es la llegada en masa de turistas extranjeros, en especial ingleses y alemanes, para los que se desarrollen urbanizaciones específicas, como ocurre desde hace años en la costa mediterránea. En este sentido, Manuel Pastor asegura que, en estos momentos, sólo un proyecto está enfocado de manera específica para ciudadanos extranjeros: el campo de golf de Oviñana (Cudillero) y su zona residencial. El motivo es que la empresa promotora es «americana y tiene un circuito de campos de golf por todo el mundo por los que mueve a sus clientes».
Pero, pese a que este es el único caso hasta el momento, no hay que descartar nuevas promociones de este tipo. «No es descabellado pensar en que Asturias llegue a tener un cierto mercado extranjero, aunque nunca como en el Sur, como aquí no tenemos su sol», asegura Pastor. La mejora de las comunicaciones puede ser la responsable de esta nueva situación, porque, por ejemplo, «los vuelos baratos ponen a Londres a dos horas de una playa del Cantábrico, el mismo tiempo que se tarda en ir desde la capital de Gran Bretaña a una playa inglesa». Y claro, entre los pedreros británicos y los arenales asturianos la elección está más que clara. Por eso, Pastor considera «normal que haya un mercado extranjero para nuevas viviendas» en un futuro próximo. De momento, la principal demanda viene de Madrid, Castilla y la propia Asturias.
Ante lo que se avecina, ¿qué proponen los ecologistas? Fructuoso Pontigo da dos pautas fundamentales: que se respete el entorno natural y que el crecimiento urbanístico de la región se dé en zonas urbanas consolidadas. Aunque está por ver si sobre madrileños, británicos, alemanes y demás potenciales visitantes ejercerá Colloto o el barrio gijonés de El Natahoyo el mismo magnetismo que Ribadesella o Caravia.