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Lunes, 16 de enero de 2006
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AVILÉS
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Un nuevo futuro
El Ayuntamiento de Pravia pretende adjudicar la reconstrucción y la nueva gestión del Albergue de La Tienda
ADJUDICACIÓN. El Albergue de La Tienda está cerrado hasta su próxima concesión. / B. M.
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Aonce kilómetros de Pravia, ubicada en medio del mágico paraje del Valle de Arango y acompañada por el río Aranguín, se encuentra la casa que era propiedad de un conocido veterinario de la zona y que fue vendida al Ayuntamiento de Pravia a principios de los años noventa. El primer uso que se le dio fue el de albergue, fue un centro de rehabilitación de drogodependientes regentado por una entidad privada (Centro Espiral) que, después de tres años, abandonó la localidad de La Tienda, para abrir un centro en otra comunidad.

Fue entonces cuando el Ayuntamiento praviano decidió que los alumnos de la Escuela Taller (que por primera vez se ponía en marcha en la villa) reformaran íntegramente el interior y el entorno de la casa para transformarla en un Albergue Juvenil. Además se pensó en utilizarlo como complemento formativo para el módulo de esa misma escuela de Turismo Rural de forma que quienes siguieran ese curso fueran los principales adjudicatarios del edificio por su formación específica en este sector.

La adjudicación del Albergue Rural de La Tienda salió a concurso y se presentaron varios proyectos. Finalmente este servicio para los jóvenes fue adjudicado a tres alumnos del módulo de Turismo Rural de la Escuela Taller, por un período de tres años, renovable cada año y por un máximo de cinco, momento en el que entraría en una nueva concesión

Comenzó así la 'época dorada' del alberguismo en Pravia durante 1997 y 1998. Al albergue de La Tienda llegaban viajeros de toda España, familias, montañeros, ciclistas, grupos internacionales de alberguistas, asociaciones de discapacitados psíquicos y físicos y colectivos de presos, entre otros muchos grupos y solitarios, que pasaron temporadas de la época estival en aquella casa amarilla ubicada en medio del Valle de Arango.

«hay pocos sitios en los que tengas un contacto tan personal y especial con la gente, era un lugar mágico, pero necesitaba obras y mejoras el Ayuntamiento no se hacía cargo y las ganancias en este tipo de negocio son mínimas, debido a los costes tan asequibles de alojamiento de los albergues y al ser un negocio tan estacionario, solo se llenaba en verano, no se ganaba lo suficiente para mantener a un buen nivel el servicio y mantener tu propia subsistencia», manifiesta Carmen Morán una de aquellos tres primeros regentes del albergue.

Después de los tres años de la primera concesión, estas instalaciones fueron concedidas a la Asociación Cultural El Gallo Pinto que lo regentó durante dos años más. Un incendio en la panera de la casa destruyó la construcción asturiana del siglo XVIII y las ilusiones de seguir adelante de los miembros de esta entidad, ya que el fuego arrasó la suite, el bar y almacén del albergue.

Desde hace tres años

En marzo de 2003 el Ayuntamiento decide «alojar con un carácter de urgencia social durante un periodo de tres meses» a una familia de etnia gitana, que había sido desahuciada de su casa en Peñaullán. Desde esta fecha, el Albergue dejó de recibir a viajeros, de realizar actividades, fiestas y de contar en el concejo como un lugar más donde alojarse y conocer el entorno natural.

Ha pasado un tiempo y ha llegado el momento de retomar el futuro de este edificio. El alcalde, Antonio de Luis Solar, ha manifestado que en los próximos meses se llevará a pleno la decisión y condiciones de adjudicación del Albergue de La Tienda. «El albergue será adjudicado al proyecto que se presente que más se ajuste a sus necesidades, será el adjudicatario quien lo reforme al completo, no pagará ningún canon al año y se le concederá el negocio por un plazo de 20 años para que pueda rentabilizar su inversión», afirmó el primer edil.

Por tanto, 2006 podría ser el año en el que la casa amarilla de La Tienda recobre su vigor y vuelva a convertirse en el albergue rural que un día fue y que quienes pasaron por allí aún recuerdan con cariño y definen como un «lugar mágico».



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