No se consienten ni la desnudez ni las miradas furtivas entre la pareja. Una 'fatwa' o lo que es lo mismo un nuevo pronunciamiento legal del Islam, en este caso egipcia, ha prohibido a los esposos mantener relaciones sexuales desnudos. El decreto considera que la práctica del sexo sin vestimentas que oculten los cuerpos no es conforme al Corán ni a las enseñanzas del profeta.
La idea ha partido del 'cheikh' Rashar Hassan Kahlil, antiguo rector de la Facultad de Ciencias Islámicas de la Universidad de al-Azhar (uno de los centros de estudios más prestigiosos dentro del Islam sunita), quien defiende que «hacer el amor íntegramente desnudos invalida a todas luces el matrimonio».
Al menos hay debate. La 'fatwa' ha levantado una fervorosa polémica, tanto entre los doctores en 'sharia' (ley islámica) como entre los creyentes, que discuten los términos del mandato tanto en la calle como en los medios de comunicación.
Varios expertos, sin mostrarse completamente de acuerdo con el decreto, sí le han reconocido ciertas virtudes. Abdallah Megawer, por ejemplo, que es jefe del comité de 'fatwas' de al-Azhar, institución reguladora de la emisión de este tipo de dictados en Egipto, considera que, si bien los esposos pueden verse desnudos, en ningún momento pueden mirar de forma directa los genitales de su pareja.
La recomendación de este erudito es la de proveerse de las prendas de vestir necesarias para tapar las partes pudendas de las miradas furtivas que pudieran originarse y que, esas sí, irían contra la religión.
Las mujeres también han intervenido en este dilema. Soad Saleh, directora del departamento femenino de estudios islámicos en la misma institución universitaria cairota, no considera que el matrimonio pueda verse invalidado por tal motivo.
Para ella, no está prohibido desnudarse para hacer el amor, si bien «esta práctica no es recomendable conforme a las buenas maneras y al ejemplo que el profeta nos ha dado».
Los críticos de ese decreto religioso defienden que no existe ningún texto sagrado que consagre tal veto o que impida mirar alguna parte del cuerpo de la pareja cuando se hace el amor. En último extremo, señalan, lo que pertenece a la intimidad de la pareja allí permanece, y son ellos los únicos responsables de establecer los límites. El pudor sigue siendo privado.