Desde hace algunos años vengo escuchando a comerciantes e industriales, además de políticos, decir que en las Cuencas Mineras tenemos muchas cosas de interés, grandes e importantes productos, que no sólo la riqueza gastronómica y el interés histórico patrimonial hacen de nuestra zona un lugar privilegiado, aunque sigamos recibiendo algún palo, sino que con todo esto, nuestro mayor defecto es que la propia gente de la zona no se lo quiere creer.
Los políticos predican su convicción de que hay que comprar en nuestros municipios, que se ha de apoyar a las empresas de la zona, que no basta con predicar sino que hay que dar trigo.
Y es cierto que tenemos emprendedores en las Cuencas, personas ciegas de ilusión que siguen apostando por crear con imaginación e inversión económica riqueza en nuestra zona.
De entre ellos, no obstante, me llama poderosamente la atención quien se queja de su situación porque no llega a las millonarias expectativas que tuvo en la apertura de su negocio. En estos casos, se achacan las culpas a las pocas ayudas municipales o cualquier otra excusa que haga que los demás carguen con su fracaso, y entonces se suelta lastre y se emigra para Oviedo.
Por encima ubico siempre a las iniciativas privadas desvinculadas de los estamentos políticos que rigen un gobierno municipal, más que nada porque debe ser muy cómodo disparar con pólvora ajena cuando nunca se ha sido emprendedor o empresario, ni se ha tenido que poner dinero del bolsillo propio.
De igual modo, cuando encuentras una empresa que pudiendo invertir en cualquier parte de España, lo hace en las Cuencas Mineras, no es para menos prestarle atención. Ya no es novedad el conocimiento y existencia de empresas multinacionales en nuestro territorio, pero aun así la falta de un estudio serio para uso de suelo industrial es urgente, y no me refiero al estudio carísimo que finaliza diciendo: «No hay suelo industrial», sino que plantee soluciones para la parcelación y conocimiento de los terrenos estatales a través de la empresa HUNOSA. Eso sería un buen paso para saber si cabe o no cabe alguna empresa de nueva creación. Porque la acción en las naves nido, semilleros y centros de empresa, no sólo debería ser pública, sino que podría abrirse a alguna iniciativa privada, como ocurre en otros lugares.