Apropósito de la eclosión operativa de la 'ley antitabaco', no parece temerario afirmar que adquirir la condición de ex fumador voluntariamente, no porque obligue a ello el ineluctable hecho biológico, sea beneficioso para la salud de quien opte por dar ese paso. Lo prueba que no se sabe de casos de arrepentimiento por dejar el vicio y que está generalizada la opinión de quienes reconocen sentirse mejor desde que practican la abstinencia. Y esto no se dice con la fe del converso, sino basado en el conocimiento empírico acumulado en los 238 meses transcurridos desde el ingreso, libremente decidido, en las filas de los fumadores pasivos (y tolerantes).
Para ayudar a la disuasión del consumo de tabaco, la ley fija normas restrictivas que afectan de manera directa a la hostelería. En este sentido sorprende la abundancia de establecimientos del ramo que en Gijón se incluyen en el grupo de los inferiores a cien metros cuadrados de superficie, condición indispensable para que en ellos se permita fumar.
Da la impresión de que o Zapatero ha cambiado también el sistema métrico decimal, con la instauración del metro menguante, de menos de cien centímetros, sin que el BOE se haya hecho eco de tan extraordinaria novedad, o hay una singular flexibilidad de criterio al determinar la superficie de cada local, porque florecen los que están al borde del límite. Una inspección ocular como simple observador y cliente hace que surjan razonables dudas en esta materia. Si se confirmasen, sería un agravio comparativo para quienes cumplen la ley y otro triunfo de la picaresca gremial. Como en el cumplimiento de los horarios de cierre.