España ya no es una «sucursal» de las bandas organizadas, sino una reputada oficina central. El abanico se ha abierto y los delincuentes tocan todos los palos: tráfico de drogas, de armas, de seres humanos, de vehículos, asaltos a viviendas, blanqueo de capitales, falsificación de documentos... En no pocas ocasiones lo hacen de forma combinada. Los atracos violentos en domicilios no son una novedad pero se han revitalizado, según admiten los investigadores. En uno de los últimos dos atracadores acabaron muertos. Pertenecían a una red de colombianos especializada en esos robos y en quitar droga a bandas rivales.
El Ministerio del Interior no da cifras, pero sólo la Policía desarticuló el pasado año una quincena de grupos de alto nivel dedicados a robos con violencia e intimidación y tiene abiertas otra decena de operaciones. Si atendemos a toda la tipología que incluye la delincuencia organizada, el promedio de bandas desmanteladas en años anteriores superaba ampliamente las doscientas. Algunos investigadores comparan estas organizaciones con un «pequeño Ejército».
Los expertos de Interior consultados no ocultan su preocupación por la evolución de estas modalidades delictivas. Cada año que pasa hay más datos que invitan al pesimismo y de forma gráfica reconocen que «se está produciendo un «efecto llamada» para que bandas organizadas de otros países se trasladen al nuestro. Las comunicaciones entre los grupos que actúan en nuestro país y en los de sus lugares de origen existen y se han comprobado. Y en ellas los que están fuera son animados por sus compatriotas a que emigren aquí, porque les cuentan que en nuestras ciudades y pueblos se «trabaja» bien», explica un responsable de la Guardia Civil.
Planificación y armas
Las fuentes consultadas destacan que en estos momentos hay una evidente desproporción entre lo que cuesta desmantelar una de estas redes -entre tres y seis meses de trabajo de un grupo policial formado por entre cuatro y seis agentes-, y la respuesta judicial cuando son detenidos. «Se necesita una acción judicial coherente con el tipo de delincuencia que estamos combatiendo», afirman los agentes que luchan contra este tipo de crímenes.
«Un grupo que en una noche revienta cuatro chalés, o varias naves industriales, o perpetra un montón de «alunizajes», y lo hace de forma perfectamente planificada, con información previa y armados hasta los dientes, no es un simple grupo de chorizos, sino una banda organizada. Cada golpe por separado puede considerarse como un delito no muy grave, pero visto en conjunto el asunto cambia radicalmente. Si los jueces no entienden esto de una vez, no hay nada que hacer», añaden.
Por este motivo, Policía y Guardia Civil han elaborado sendos informes en los que reclaman que la asociación ilícita se pene como figura independiente para que se eleven las condenas.
Asesinos a sueldo
En los últimos meses, se han detectado nuevos síntomas de que la situación, lejos de mejorar, se hace más grave. Hasta ahora, los ajustes de cuentas perpetrados por sicarios los cometían individuos que viajaban a España expresamente para asesinar al individuo que se les indicaba, cobraban el dinero y regresaban a su país. Ahora, hay una realidad muy distinta. Ya se ha descubierto, aunque todavía no se han producido detenciones, a asesinos a sueldo asentados en nuestro país, sobre todo de naciones suramericanas como Colombia, lo que supone un paso más en la infiltración de las mafias.
Hay otra realidad igual de inquietante. Las bandas de crimen organizado actúan en todo el territorio nacional, sin distinción entre zonas urbanas o rurales. Hasta hace no mucho tiempo eran Madrid, Barcelona, la costa de Levante, Galicia y la Costa del Sol los núcleos principales elegidos por estos grupos para sus actividades. Hoy estamos ante bandas con gran capacidad de movimiento, que recorren hasta 400 kilómetros en un solo día para perpetrar golpes muy precisos y que luego regresan a su base de operaciones, las grandes ciudades.