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Lunes, 16 de enero de 2006
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OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
Fraga pasa el testigo
MEDIANTE la salida ordenada de Fraga de la presidencia del PP gallego y su reemplazo por un sucesor de apenas 45 años, que ha logrado en la etapa precongresual la adhesión de todas las facciones del partido en Galicia, Mariano Rajoy ha conseguido un éxito objetivo en una de las comunidades autónomas clave para las pretensiones hegemónicas del PP.

La prueba era delicada por la singularidad de la situación. Fraga, fundador del PP y hombre de indiscutibles méritos de toda índole, había optado por retirarse a su feudo gallego tras constatar que nunca sería presidente del Gobierno de España y ceder generosamente el testigo a otros epígonos; el vital presidente de honor del Partido Popular llevaba 16 años al frente de la formación regional, con la que había obtenido cuatro mayorías absolutas consecutivas, durante las cuales -hay que reconocerlo- ha cambiado la faz de su Galicia natal. Y aun el octogenario Fraga habría continuado probablemente al frente de la Xunta si le hubiesen llegado el puñado de votos que le faltaron para arañar el diputado que le hubiera supuesto su quinta mayoría. Pero no fue posible: hoy el Gobierno es de coalición entre el Partido Socialista y el Bloque Nacionalista, y, aunque Fraga se mostró dispuesto a mantenerse al frente de la oposición, era casi una obviedad la conveniencia de aprovechar la coyuntura para llevar a término la gran renovación generacional que el PP gallego reclamaba. Finalmente, Rajoy ha logrado imponer hábilmente a su candidato, Alberto Núñez Feijoo, un tecnócrata experimentado.

Fraga irá a Madrid, a ocupar el escaño de la Cámara de la Alta que le cede la alcaldesa de Vigo, y el nuevo presidente deberá ultimar lo antes posible la gran renovación para prepararse para las elecciones municipales del año que viene. Relevante será además la redacción del Estatuto gallego que, aunque pilotado por la frágil mayoría PSOE-BNG, requerirá el acuerdo con los populares.



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