La popularidad de los valses de Johann Strauss atrajo ayer a numeroso público de todas las edades, que abarrotó el Auditorio para ver el espectáculo de la Filarmónica K&K. Las evoluciones de las cinco parejas de bailarines que acompañaron la música en cuatro de las melodías, evocando al Concierto de Fin de Año de Viena, hizo el resto. Tras la obertura de 'Una noche en Venecia' a cargo de los 56 componentes de la orquesta, los danzantes se estrenaron al ritmo de la polka 'Sangre ligera'. Luego seguirían 13 títulos más, en dos de las piezas acompañados por la voz de Marianne Laba.
Aunque faltaron los populares 'Danubio azul' y la 'Marcha Radetzky', hasta el más desconocedor de la música clásica reconocería las melodías de los valses, polkas y czárdás que sonaron. Entre ellas, 'Vino, mujeres y canciones', el 'Vals del emperador'. 'El corazón y la razón' y 'Rosas del sur'.
La orquesta, dirigida por Matthias Georg Kendliger, entusiasmó al público. Seguro que algo tuvieron que ver los pasos de baile, dirigidos por la coreógrafa Geraldine Dill. Su mano se deja notar. Por algo fue quien diseñó durante 20 años el concierto con el que arranca el año en Viena y en miles de televisores en todo el mundo.