EL gran regreso, o el gran retorno de Boris, es una ironía cruel, puesto que los regresos no existen. Son sólo ficción de la mente, para distraernos en nuestro camino sin retorno. Boris regresa hacia el encuentro con su hijo, pero ambos, no son capaces de reencontrarse, porque para los padres, con más o menos afectación, los adorables niños se van convirtiendo en odiosos adultos, hasta que la distancia es idéntica a la de la línea del horizonte. A partir de ahí, los encuentros se convierten en imposibles, porque la línea imaginaria se va alejando a medida que la perseguimos. Boris regresa un día a casa de su hijo Oskar, que está hablando por teléfono sobre otros alejamientos de dudoso retorno; lo han abandonado su mujer y sus hijos, ha perdido el trabajo y comienza a plantearse lo negro de la existencia en plena juventud. El padre, Boris, que acude a casa de su hijo buscando calor de hogar -literalmente, puesto que en la suya no tiene calefacción- es lo bastante orgulloso para no decir que huye de la derrota y la soledad. Sin embargo, recibe un último rayo de esperanza, unos atisbos de retorno que justifican con sarcasmo el título de la obra. Al viejo actor le acaban de confiar el papel de su vida; trae una corona en la maleta, y ya no hace falta adivinar que se convertirá en el Rey Lear. A partir de ahí, comienza uno de los grandes combates entre padre e hijo, llevados por el terreno del dramatismo, pero también de la ternura y del humor.
En este aspecto, la obra de Serge Kribus se aleja de los combates paterno filiales de los maestros americanos: (O'Nelly, en 'Viaje de un largo día ' O Williams, 'La gata sobre el tejado de cinz ', pero sí tiene grandes concomitancias con Albbee, y su forma de dividir los combates en asaltos: ataques mutuos en la casa, reconciliación en el restaurante, despertares de vino y rosas en la calle y apoteosis en la comisaría. Con todo ello, nos encontramos con un buen texto del belga Serge Kribus. Pero una excelente dirección, y dos interpretaciones colosales, han convertido lo que podía ser normal en acontecimiento inolvidable. Había dudas de que esa máquina de estropear actores, que es la televisión, pudiera haber dañado a José Sancho; pero nos hemos encontrado con un intérprete en plenitud, de los que desde el primer instante son capaces de envolver al espectador en la trama del escenario.
Un estreno sin fisuras, donde Miguel Hermoso Arnao da la réplica, con solvencia de gran actor, al maestro (sin comillas, que quede claro), y entre los dos nos ofrecen una noche mágica de teatro, a la que contribuye, sin duda, el buen trabajo de Juan José Afonso, y todo el equipo, con un decorado giratorio, en fondo de espejos, para ajustar y engrandecer el montaje. Ovación de apoteosis al final, con el público puesto en pie. EL GRAN REGRESO
Autor: Serge Kribus. Traducción y adaptación: David Desola. Dirección: Juan José Afonso. Intérpretes: José Sancho, Miguel Hermoso Arnao. Lugar: teatro Palacio Valdés (Avilés).