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Viernes, 20 de enero de 2006
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GIJÓN
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La Policía rastrea el entorno del joven asesinado ante la falta de pruebas materiales en La Coría
Investiga las relaciones personales y laborales de la víctima en los últimos años para intentar reconstruir el homicidio «Ojalá alcance la paz que nunca encontró en vida», dijo el párroco al llegar el féretro de Rosindo Marqués a la iglesia
EL COTO. Decenas de personas siguieron el funeral de Rosindo Marqués Pinto desde la calle. / SANDRA NAREDO
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La investigación del crimen de La Coría se complica a medida que transcurren las horas. La ausencia de pruebas concluyentes en el recinto de las obras del enlace de la autovía, donde apareció el cuerpo el pasado martes, ha obligado a la Policía a reorientar su estrategia. Los agentes encargados del caso tratan ahora de reconstruir el homicidio a partir de las declaraciones prestadas por el personal de Coprosa, empresa adjudicataria de los trabajos, y de las personas del entorno del fallecido. La información obtenida al analizar de forma retrospectiva las relaciones personales y laborales del difunto se cruza con los datos recabados hasta el momento para tratar de abrir nuevas vías que permitan identificar al autor material de los hechos.

Hasta el momento, la autopsia ha permitido constatar que Rosindo Marqués Pinto fue asesinado por la espalda. Cuando cayó al suelo, recibió otros dos golpes en la cabeza, todos ellos con un pico que habitualmente utilizan los encofradores y que es propiedad de la empresa. La herramienta estaba guardada, supuestamente, en una caseta cercana al lugar en el que apareció el cadáver. Los antecedentes de la víctima por pequeños hurtos y el hecho de que en el recinto se hallasen signos evidentes de un robo frustrado hicieron sospechar a los investigadores que una persona con acceso al recinto hubiera podido sorprender al joven llevándose material.

El informe forense también señaló que el fallecimiento se produjo entre la noche del lunes y la madrugada del martes. Podrían haber pasado más de ocho horas entre la agresión y el hallazgo fortuito del cuerpo por parte de un trabajador de Coprosa que, tras terminar de comer, se acercó a unos matorrales próximos a una caseta para orinar. La lluvia caída antes y después del homicidio borró algunas señales que podrían haber constituido pruebas de cargo. Además, en la zona en la que se halló el cuerpo había una cantidad considerable de excrementos, debido a una avería en la conducción de las aguas residuales. La falta de pruebas concluyentes ha obligado a recurrir a otras vías de trabajo para aclarar el suceso.

La comisaría de Gijón ha destinado a este caso a la mayor parte de sus efectivos de la Policía Judicial. Los agentes trabajan en grupos, cada uno de ellos centrado en un aspecto concreto del crimen. Desde el martes, se han realizado decenas de interrogatorios, aunque las pesquisas no han permitido, por ahora, practicar ninguna detención. Los investigadores son conscientes de que el tiempo corre en su contra, de ahí que los trabajos se desarrollen con la máxima prioridad y celeridad.

Viejos problemas

La iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, en El Coto, acogió ayer el funeral de Rosindo Marqués Pinto. Sus padres, sus hermanos y su ex mujer estuvieron arropados por decenas de amigos y vecinos del barrio. La eucaristía fue oficiada por Fernando Fueyo, con quien el fallecido mantenía buena relación desde hace años. «Ojalá ahora alcance la paz que nunca encontró en vida», dijo el sacerdote al llegar el féretro a los pies del altar.

Fueyo recordó la colaboración del difunto con las actividades de la parroquia y los sucesivos intentos que Rosindo hacía para superar sus problemas. «Hoy tenía una entrevista concertada en un centro de desintoxicación. Esta vez era de verdad», comentó desconcertado. El joven nunca superó la ruptura de su matrimonio. Su adicción a las pastillas, sobre todo a los tranquilizantes, le sumió en una fuerte depresión que «hacía que no tuviera consciencia de sus actos».

El párroco instó a las personas que asistieron al funeral a «rezar y llorar» por el joven en lugar de juzgar sus acciones. «Todos tenemos fragilidades y puntos débiles. Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno sin darse cuenta de que nuestro ojo también está herido», dijo Fueyo antes de recordar que «Rosindo ya está en manos de Dios».



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