EL rostro congestionado y el humo que salía por sus orejas eran pruebas inequívocas de que el personaje apodado Casacites traía almacenada en la memoria una cita más larga de lo habitual.
De mostrador en mostrador, anduvo el hombre a la busca de una tertulia en la que se abordara un asunto donde poder endilgarla, hasta que, después de varias sidrerías y un montón de culinos, llegó a sus humeantes oídos este comentario de un tertuliano:
- Estoy fartucu de escuchar memeces reivindicatives de eses mosques cojoneres nacionalistes que, finalmente, lo único que pretenden son más perres y medrar.
-¿Dígotelo yo! Además resulten menos soportables contemplaes desde esti Principao, que sí ye una comunidad histórica como la copa de un pino, cuna de la Reconquista -dijo otro tertulio.
-Sin embargo, aquí nos tienes, mundiales y solidarios. Y eso que los romanos arramblaron con todo el oro que teníamos. Pero un montón de siglos después, el carbón y la siderurgia contribuyeron un güevu a la marcha del país, por no hablar de otres contribuciones como, por ejemplo, la de haber sido el últimu bastión norteñu contra el alzamientu fascista del 36, y un larguísimu etcétera -intervino un tercero.
Y en este punto, Casacites, que ya se había infiltrado entre los contertulios, fue y les espetó:
-Nacionalismos hay que se hallan en una línea similar a la del nacionalismo imperialista de la dictadura franquista, empecinados como andan en poseer una historia propia y ajena a la del resto de España, lo que les conduce a aberraciones que poco tienen que envidiar a las ocho cosas que la nación española había hecho por el resto del mundo en opinión de cierto ideólogos (¿) de aquellos oscuros años. A saber: humanización y espiritualización del imperio romano, conversión y civilización de los bárbaros; expulsión de Europa de las huestes agarenas, derrota de los turcos en Lepanto, defensa del cristianismo frente al protestantismo, descubrimiento, conquista y civilización de América; derrocamiento del imperio de Napoleón I y aplastamiento del bolchevismo ruso-asiático.
-Parez mentira, aunque sea cierto, que alguien pudiera escribir tamañes memeces -dijo un nuevo contertulio.
-Pues ahora existen émulos que no les van a la zaga -Casacites 'dixit'.
-¿Ulos, ho?
-Carod, Ibarreche