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Viernes, 20 de enero de 2006
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GIJÓN
CHAOYO WEY REGENTÓ LA AFAMADA CASA DEL CHINO, UN LUGAR DE ENCUENTRO EN CIMADEVILLA. SU HIJO CAYO CUENTA LA SINGULAR HISTORIA DE ESTE PERSONAJE
Un playu de ojos rasgados
RECUERDOS. Cayo Wey, en las cercanías de su restaurante. / PAÑEDA
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Aunque en Gijón todos le llamaban Luis, su nombre era Chaoyo, y aunque su lengua materna era el chino, su acento cuando hablaba en español sonaba a asturiano. Chaoyo Wey fue durante muchos una de las personas más conocidas no sólo de Cimadevilla, sino de Gijón. Regentó el Mesón chino, el primer local oriental de toda Asturias, situado en uno de los edificios más emblemáticos del barrio marinero, la Casa del Chino.

Luis llegó de viaje a España con sus padres y sus hermanas cuando era un niño. Su madre enfermó y fue ingresada en un centro hospitalario de Oviedo. Después marcharon a Bilbao y al fallecer sus padres, Luis, que era el mayor de los hermanos, decidió mantener a sus hermanas en un colegio de Bilbao.

Él, antes de establecerse en Gijón, vivió en Valencia y en Vigo, donde nació su primer hijo, Luis. Entonces retornó a Asturias, donde se dedicó a la elaboración de adornos de papel, guirnaldas, farolillos... Era un oficio que había aprendido de su padre, que vendía lo que fabricaba de manera ambulante. Uno de sus hijos, Cayo Wey, aún conserva las herramientas y algunos de los trabajos.

Cayo, que ahora regenta el restaurante Las Ballenas, afirma que su padre se sentía un gijonés más, «claro vivió más años aquí que en China». Su padre se convirtió en una especie de «embajada». Cayo Wey explica que al ser el único oriental que había en Asturias, cuando alguno llegaba hasta la provincia acudía a visitarle. De hecho, el primer restaurante chino que se abrió en Asturias fue mediante la participación de Luis Wey, quien dio cobijo en su casa al pionero restaurador.

Pero hasta Cimadevilla, no sólo se acercaban sus compatriotas para visitarle, el propio Luis acudía a saludar a los marineros que llegaban desde China, lo que aprovechaba para poder mantener viva su lengua materna.

El Mesón chino

A finales de los años sesenta, fue cuando abrió el famoso Mesón chino. Allí, donde antes había existido una bodega de pescado, servía bebidas orientales como el sake y el chaunce. Además, y como su hijo Cayo reconoce, se convirtió en «un adelantado a su tiempo», ya que creó una especie de sistema de karaoke. El dejaba unas cuantas guitarras en el local, un grupo de jóvenes tocaba, otro cantaba. Como cuenta su hijo, «allí se hicieron muchas amistades».

Chaoyo murió hace dieciséis años. Estaba en París con su hermana y ambos iban a volar hasta su país natal, a China, pero la emoción le superó y se vio obligado a volver a Gijón, donde falleció un 13 de enero.

Su hijo Cayo quiso mantener la casa en la que su padre vivía y colgaba, año tras año, las guirnaldas de papel en el balcón cuando llegaban las fiestas del barrio playu, pero no pudo ser. A pesar de sus muchos intentos, finalmente desistió. Ahora, su casa es utilizada por la asociación de vecinos.



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