elcomerciodigital.com
Domingo, 22 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
GIJÓN
AL AIRE
Pelos
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

SABIDO es que la cruda realidad supera con creces la mayor parte de las veces a la ficción más descabellada. Sirva para demostrarlo un ejemplo reciente: a un anciano ciego, sordo, paralítico y diabético llamado Clarence Ray Allen le dieron matarile en California, Estados Unidos, por un delito perpetrado nada menos que 25 años atrás. Pero, eso sí, al pobre infeliz, perteneciente a la tribu de indios choctaw (ya se sabe que los tan civilizados estadounidenses sólo suelen ejecutar a negros, chicanos, subnormales, menores , pobres, en general, incapaces de pagar las cifras astronómicas que suelen cobrar los buenos abogados por aquellos pagos) le ofrecieron una última cena a la carta consistente en filete de búfalo, pollo frito y dos postres, con la precaución de que estos últimos no llevaran azúcar por aquello de la diabetes. Y es que el bueno del gobernador Schwarzenegger (¿cómo sería su apellido antes del terremoto mental que alteró el orden de las letras?) se preocupa tanto por quienes son condenados a la pena capital, que hasta les tiene rigurosamente prohibido fumar en el corredor de la muerte.

Visto lo visto, espero que nadie tenga el atrevimiento de afirmar que este humilde escribidor se pasa siquiera un pelo en su vano intento de pretender que alguna vez sea la ficción la que supere a la realidad.

Allá voy:

El espíritu de Jovellanos impregna Gijón, que para eso es la villa del ilustre ilustrado. Fíjense hasta qué punto, que hace poco me encontré un pelo de Jovino en una sopa de marisco, y lo conservo en un relicario junto a otro que contiene un pelo del oso que mató a Favila, en este caso dada mi condición de republicano recalcitrante.

Lo cierto es que acabo de percatarme de que parece que intento tomarles el pelo, y nada más lejos de la realidad. Lo que sucede es que me metí en un tema a contrapelo del que no me sacaría ni el mismísimo barbero de Sevilla. Pero, ya metido en faena, me aplicaré esforzadamente en rematar el peinado de aquesta columna antes de que el lector esté hasta el moño de la misma y jure que no querrá volver a ver mi pelo níveo.

Pelo a pelo, esto se acaba. Pelillos a la mar. Otro día me soltaré el pelo y demostraré no tener pelos en la lengua y, si se terciara, también dejaré patente que soy un hombre de pelo en pecho.

En fin, que a nadie se le pongan los pelos de punta si digo que me voy al sur de Grecia, al Peloponeso, porque aseguro que mañana mismo vuelvo a la carga.

Nos vemos.



Vocento