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Martes, 24 de enero de 2006
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GIJÓN
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«Ahora ya no toso y veo el final de la barra»
La sidrería Aquí hay Tortilla, en La Arena, es uno de los pocos locales de este tipo que ha prohibido el tabaco
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Aquí hay tortilla: Pedro, Carmen, Javier y Soraya acuden con frecuencia a la sidrería en compañía de sus hijos. Todos menos Javier son fumadores, así que cada vez que les apetece un cigarro salen a la calle. Prefieren un lugar sin humos para los niños, aunque cada vez que van a cenar casi se toman el café en la calle. Sidrería Asturias: el propietario del establecimiento, Juan Lamelas, comparte mesa con tres clientes habituales que fuman. La ley no le permite acompañarles pese a encontrarse al otro lado de la barra. El Restallu: Antolín Galán ojea el periódico mientras fuma un cigarrillo en la planta de abajo del restaurante. Opina que la división de los locales es una buena idea «para respetar a todo el mundo».

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Cuando llega a casa ya no va directo al baño. Ahora pasea tranquilamente por el pasillo, entra en su habitación, se pone el pijama y se acuesta. Le ha dejado de picar la garganta por la mañana, y también los ojos. «Ya no toso. Pero lo mejor de todo es que cuando cierro veo el final de la barra desde la puerta». La casa de Rubén Reza, propietario de la sidrería Aquí hay tortilla, en La Arena, ya no huele a humo. Su salud ha mejorado y también su establecimiento. Es uno de los pocos lugares de estas características donde está prohibido fumar.

Este hostelero ya ha visto marcharse del local a gente que acababa de encargar la comida o a personas a quien se les había servido un café. Pese a ello, considera que lo suyo es una inversión de futuro. «Los clientes habituales me apoyan mucho, con independencia de que sean fumadores o no fumadores». Manolo González Valdés lleva once años sin encender un pitillo. «Tomar un culín aquí es un placer. Sabe hasta mejor. Antes venía con ganas, pero ahora mucho más».

Este vecino de La Arena recuerda que el tabaco le hizo perder calidad de vida y «libertad». «Nunca me sentí tan esclavo en la vida». Afirma que ya ha pasado muchos años «pagando las consecuencias de los derechos de los demás». Ahora quiere tomarse la revancha, aunque de momento sólo puede hacerlo en una sola sidrería. Quizá dentro de unos años se amplíe el abanico.

Este reducto libre de humos está rodeado de otros locales donde, sin vulnerar la nueva legislación, se convive con los cigarrillos, aunque sea a medias. Se trata de sidrerías en las que se permite fumar sin restricciones o donde los propietarios han implantado un modelo mixto.

En la Sidrería El Restallu, frente al Palacio de Justicia de Prendes Pando, encuentran vía libre los fumadores y también los no fumadores. Fernando Iglesias no ha querido renunciar a ninguna de las clientelas, así que permite los cigarrillos en la parte baja, pero no en el comedor del primer piso. «No sabíamos a quién echar, así que ahora, cuando la gente hace una reserva, le preguntamos dónde quiere sentarse». Aunque desconoce «en qué parará» la recién estrenada ley antitabaco, cree que el modelo mixto es el más acertado. «La gente se está adaptando muy bien. No hemos tenido ningún problema, todo lo contrario, aunque es cierto que algunos comensales bajan a la sidrería a echar un pitín después de comer». Fernando Iglesias señala que «cada local es un mundo», por eso prefiere no enunciar fórmulas magistrales para sobrellevar la ley. Considera, al igual que la mayor parte de los hosteleros, que existen muchas 'lagunas' y que la información, sobre todo a los profesionales del sector, ha brillado por su ausencia.

En la Sidrería Asturias, en La Arena, no ha habido un antes y un después del 31 de diciembre. La mayor parte de los rostros habituales son adictos a la nicotina. El propietario, Juan Lamelas, explica que los no fumadores no han dejado de frecuentar el local. «La gente viene si le gusta una sidrería y se encuentra a gusto, aunque se fume». En su parroquia no ha habido ninguna baja en estos primeros días del año, ni detrás de la barra ni en los dos comedores. Donde sí se ha producido alguna es en 'Aquí hay tortilla'.



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