La población mundial de grandes peces, como atunes, tiburones y ballenas, se ha reducido un 90% en los últimos cien años, según el Fondo Mundial para la Naturaleza, informa Efe. Se calcula, además, que cada año mueren más de 300.000 cetáceos entre los aparejos de pesca en los océanos de todo el mundo. El director general de dicho Foro, James Leape, anunció ayer los principales retos de la organización para este año, entre los que está el intento de frenar el progresivo deterioro de los ecosistemas marinos.
Según la organización, más del 75% de las zonas pesqueras están sobreexplotadas o han llegado ya a su límite y los hábitats marinos sufren un deterioro más rápido que los bosques tropicales. Si este ritmo continúa, en 2030 se habrá perdido el 60% de los arrecifes de coral existentes. Leape puso el ejemplo de la pesca de arrastre, en la que, entre el 20% y el 30% de las piezas capturadas no son aprovechables y no habría sido necesario atraparlas. Con la modificación del diseño del anzuelo utilizado para pescar atunes se podría reducir en un 90% la mortalidad accidental de las tortugas marinas en la pesca no selectiva de todo el mundo, lo que evitaría la muerte de unos 325.000 ejemplares al año. La pesca de arrastre es una de las mayores amenazas a las que tienen que hacer frente delfines, marsopas y ballenas de todo el mundo ya que, al subir a la superficie para respirar, son atrapados por las redes, donde mueren.