La reforma del Estatuto de Autonomía de Asturias se inicia con los tres partidos parlamentarios ubicados en posiciones distintas. No se trata de discrepancias concretas, sino de de diferentes enfoques, de estrategias divergentes. El único grupo que tiene puestas grandes esperanzas en la revisión estatuaria es IU, que ha colocado esa materia en el centro de su ideario, compartiendo espacio con la lucha de clases. Para IU, la cuestión del autogobierno forma parte de la emancipación del pueblo. Hasta la fecha le va bien con ese discurso, que utiliza con gran ductilidad, de manera que se integra con facilidad en tareas de gestión con los socialistas asturianos, con el nacionalismo vasco, en la casa de los líos de Maragall y, antes, en aquel pentapartito balear. IU quiere la reforma del Estatuto por razones identitarias y de eficacia política. Ese es su modelo.
Los dos grandes partidos, PSOE y PP, coinciden en su escaso entusiasmo por la profundización autonómica, aunque discrepan en su estrategia. Los socialistas quieren reformar el Estatuto para estar en sintonía con los cambios institucionales que preconiza Zapatero, pero no creen que sea una cuestión capital. Propugnan una reforma de alcance limitado, sin grandes novedades. El Partido Popular asturiano no quiere ahora revisar el Estatuto hasta que estén claros los perfiles del modelo territorial que pergeña el Gobierno. En otras regiones, la gente del PP encabeza las reformas autonómicas, como es el caso de la Comunidad Valenciana. Sin el concurso de los diputados de este partido, no es posible aprobar ningún nuevo Estatuto en Asturias, así que, de persistir en esa postura, pueden ser acusados de bloquear las reformas.
La revisión del Estatuto podría ser de utilidad si se renuncia a imitar lo que hagan catalanes o andaluces, para reflexionar sobre los verdaderos intereses de Asturias. Debería iniciarse por una visión autocrítica del proceso seguido, de forma que se valore en qué ha consistido el autogobierno, que de forma entusiástica algunos animan a incrementar. También sería interesante que los tres partidos se comprometieran a cumplir una modesta aspiración: que al final del procedimiento no haya más problemas planteados que al comienzo.