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Sábado, 28 de enero de 2006
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GIJÓN
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El juez deja en libertad a los dos hermanos detenidos por el crimen de La Coría
La Policía halló en casa de los sospechosos material que robaron junto a la víctima en obras y vehículos y ahora espera el resultado de una prueba de ADN F. C. N. y P. C. N. admitieron haber bebido y consumido drogas con Rosindo Marqués la noche que fue asesinado
OBRAS DEL ENLACE DE LA MINERA. Vista del lugar donde se encontró el cuerpo de Rosindo Marqués Pinto, el pasado 17 de enero, junto a unas casetas. / JOAQUÍN PAÑEDA
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La titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Gijón dejó ayer en libertad a los dos hermanos detenidos por su presunta implicación en el crimen de La Coría. Los investigadores tenían indicios de que F. C. T. podría ser el autor material de los hechos, mientras que P. C. N. le habría encubierto. Pese a su convencimiento, no han podido encontrar, por el momento, pruebas de cargo que aporten información concluyente sobre su supuesta relación con el asesinato de Rosindo Marqués Pinto, el joven de 31 años que el pasado 17 de enero apareció muerto en las obras del enlace de la autovía minera con la ronda Sur. En estos momentos, se está a la espera del resultado de una prueba de ADN que será remitida desde los laboratorios centrales de Madrid a la Comisaría de Gijón.

Los hermanos, vecinos de La Tejerona, admitieron ante la jueza que durante las horas previas al crimen bebieron alcohol y consumieron sustancias estupefacientes junto a la víctima. En su declaración manifestaron que se separaron sobre las diez y media de la noche del lunes 16. La autopsia confirmó que sólo unas horas después Rosindo Marqués Pinto recibió tres golpes letales con una piqueta de encofrador, uno en la espalda y dos en la cabeza. Un testigo informó a los agentes encargados del caso de que los tres amigos habían estado juntos la noche en que se produjeron los hechos. En un primer momento, se pensó que la última persona que le vio con vida fue su hermano Pedro, a las ocho de la tarde de ese mismo día.

La revelación de ese testigo y el hecho de que F. C. N. hubiera estado quince años en la cárcel, por matar a puñaladas a su cuñado en un bar, dieron un giro a las pesquisas, centradas hasta ese momento en todas las personas que pudieran tener acceso al recinto de las obras. Para conseguir más información que aclarase lo ocurrido y, sobre todo, para evitar que se destruyesen posibles pruebas, se decidió arrestar a los dos hermanos. F. C. N. fue apresado en su propia casa, mientras que su hermano pudo ser localizado en las inmediaciones del centro de metadona Milsoles, en El Coto, al que también acudía Rosindo Marqués.

El juzgado autorizó la entrada y registro en su domicilio. Los agentes encontraron numerosos objetos que, al parecer, habían sido robados por los tres amigos en varias obras y vehículos. Este dato hizo sospechar a la Policía que actuaban en grupo, de ahí que se llegase a la conclusión de que el día del crimen también hubieran acudido a La Coría juntos para llevarse material de obra.

Coartada

Los dos hermanos fueron retenidos en los calabozos el tiempo máximo permitido por la ley, 72 horas. En sus declaraciones en la comisaría reconocieron que habían estado con la víctima poco antes de su muerte, aunque negaron con rotundidad que le acompañaran hasta La Coría y, por tanto, su relación con el homicidio. P. C. N. corroboró la versión de su hermano F. C. N. al asegurar que éste llegó a casa poco antes de las once de la noche.

Otro indicio que hizo sospechar de la implicación de F. C. T. fue su historial policial. En 1989 la Audiencia le condenó a quince años de prisión por asesinar a su cuñado en un bar de El Coto. Los magistrados consideraron como circunstancias atenuantes el hecho de que el día del crimen estuviese embriagado y la confesión del delito. F. C. T. le asestó cinco puñaladas a plena luz del día y ante varios testigos.

Ensañamiento

A Rosindo Marqués Pinto le abordaron por detrás. Primero le dieron con la piqueta en la espalda. El informe forense desveló que cayó al suelo boca arriba y que el asesino le volvió a golpear en la frente y a continuación en la parte superior de la cabeza, con un ensañamiento brutal propio de una persona muy violenta o de alguien que estuviese bajo los efectos del alcohol o las drogas, o bien de un individuo que además de ser muy agresivo estuviese muy alterado por la bebida o las pastillas. Las piezas del puzzle iban encajando, pero faltaba una prueba contundente con la que poder inculpar a los dos sospechosos.

Por el momento, no se ha encontrado ningún vestigio o testigo que permita señalar con rotundidad a estas dos personas. Pese a ello, la línea de investigación se mantiene, aunque de forma paralela se sigue trabajando en la hipótesis inicial, que se centraba en aquellas personas con acceso al recinto de la obra del enlace de la autovía minera.



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