Por mucho que le pese al Sporting, el equipo rojiblanco ha perdido dos días de trabajo y deberá volver a Albacete para disputar el partido previsto para ayer en el Carlos Belmonte. Las predicciones del sábado se cumplieron y la nieve caída sobre el campo manchego obligó a aplazar el encuentro que ambos equipos debían disputar a mediodía.
La decisión se tomó horas antes del inicio fijado para el partido. A las 8.45 horas se personaron en el estadio los delegados de ambos equipos, Pedro Martínez Bravo y Enrique Castro 'Quini', junto con Ángel Contreras, presidente del Albacete, y Mariano Fernández Prendes, consejero del Sporting. Un cuarto de hora después llegaba al campo el colegiado madrileño Francisco Ramón Hevia Obras, que sería el encargado de tomar la decisión final.
Con doce grados bajo cero de temperatura y un manto blanco de 30 centímetros de espesor sobre el césped, el árbitro solicitó que se retirase con una pala un poco de nieve, para comprobar si se formaba o no hielo sobre el verde del estadio albaceteño.
Capa de hielo
La prueba se realizó en uno de los puntos de penalti. Minutos después, a las 10.15 horas, tanto Hevia Obras como los representantes de ambos equipos observaron que el agua se quedaba helada. En vista de eso y al asumir que no era posible retirar toda la nieve antes del inicio del partido y que el balón no botaba, se optó por aplazar el encuentro. La posibilidad de jugarlo a las cinco de la tarde no se contempló, aunque la Federación sí lo había sopesado el sábado como alternativa.
Unos y otros coincidieron en que el estado del césped entrañaba peligro para la integridad física de los futbolistas y que, en esas condiciones, no se podía jugar. Así lo constató la directora general del Albacete, Sandra Jiménez, al dar lectura pública al acta arbitral. También Quini intervino en la sala de prensa del estadio para aceptar lo que ya era una realidad: el Sporting regresaba a Gijón antes de tiempo, sin haber jugado. Los jugadores, ni se desplazaron al campo y esperaron al delegado en el hotel de concentración.
Pocos esfuerzos
La intención del equipo rojiblanco era hacer lo posible por jugar el partido, al entender que su aplazamiento perjudica tanto sus intereses deportivos como económicos en mayor medida que al Albacete. La entidad manchega, en cambio, en ningún momento mostró interés en retirar la nieve, que ayer por la mañana estaba al mismo nivel que el sábado. El club no quiso asumir el coste de poner a varias decenas de operarios a trabajar en el césped y en otras zonas nevadas, como las gradas y los aledaños del Carlos Belmonte, donde el hielo provocó caídas de algunos aficionados y operarios de las distintas televisiones que hicieron el seguimiento informativo de la visita del árbitro.
Así las cosas, a la misma hora que debía comenzar el encuentro, el autocar de la expedición rojiblanca arrancó rumbo a Gijón con bolsas de bocadillos para no perder tiempo y evitar retenciones. En cambio, la Peña Jiménez comió en Albacete y no pudo salir de la ciudad hasta las cinco de la tarde, cuando la Guardia Civil les permitió regresar por Ocaña. Los miembros de la peña se habían hecho a la idea de tener que dormir en la ciudad manchega.
El bagaje del conjunto gijonés este fin de semana ha sido el siguiente: un viaje largo en el cuerpo, dos días sin entrenarse -el sábado fue imposible hacerlo, también por culpa de la nieve, aunque el Albacete trabajó en un polideportivo- y una alteración en el calendario de Liga que obligará a los de Ciriaco Cano a disputar tres partidos en ocho días próximamente. Así que el Sporting no jugó, pero salió perdiendo.