-Entre lo mucho que dicen de usted, también aseguran que puede hacer cantar a una escoba.
-(Se ríe) Hombre, tanto como eso no, pero creo que todo el mundo puede cantar conmigo. Al menos si tiene un mínimo de voz y de oído.
-Y ¿cómo lo hace?
-No lo sé.
-¿Es un secreto?
-No. Además de la técnica básica, que todo el director tiene, yo creo que es un 'feeling', una química especial. Yo puedo dirigir un coro japonés, sin hablar una palabra de su idioma. Se hace con la mirada. Es la atmósfera que se crea y que, después, se traslada al público.
-También hace cosas diferentes, como las que ocurren en el concierto de Año Nuevo...
-Son golpes de humor, como hay mucho japonés, pues se frivoliza algo. Yo sólo hice algo así una vez. En un concierto de Navidad, cuando el coro cantaba 'Noche de Paz' dirigí de espaldas, dirigí al público. Al principio, se sorprendieron, pero luego se pusieron todos a cantar.
-¿Hasta las escobas?
-(Risas) Pues no desafinaban.
-¿Sigue la música moderna?
-No. No me dice nada.
-¿Cuál es su melodía?
-Cualquiera que sea buena. También de Los Beatles.
-¿Le gustan Los Beatles?
-Pues sí, eran unos virtuosos de la música.
-¿Tiene un autor?
-Todos los que hacen buena música.
-Año Mozart. ¿Está preparado para escucharlo en el móvil?
-Eso es sangrante. Es terrible escuchar a Mozart como sintonía del móvil.