¿QUÉ sucederá mañana en Teherán cuando la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) decida en Viena enviar al Consejo de Seguridad, «para su conocimiento», el 'dossier' nuclear iraní? La posibilidad de que la reacción iraní sea moderada depende de cómo se interprete lo acordado por los cinco grandes el lunes en Londres: técnicamente no es todavía el envío del expediente al Consejo para examinar eventuales sanciones, sino un modo de involucrar al órgano de la ONU para reforzar a la agencia y, en todo caso, nada será oficial hasta que la AIEA celebre su sesión ordinaria de primavera, porque la de este jueves es extraordinaria.
Los dos matices sugieren que se ha producido, en realidad, la clásica 'compra de tiempo' como querían Moscú y Pekín para ver de encontrar un acuerdo 'in extremis' con la fórmula rusa de crear una compañía multinacional con base en Rusia y presencia de terceros (China con toda probabilidad, pero tal vez también Kazajstán y Uzbekistán) para producir el combustible nuclear necesario para hacer funcionar las centrales.
En este ambiente febril se supo ayer que Teherán ha hecho un gesto con la agencia entregando a sus inspectores documentos sobre cabezas nucleares y que, a cambio, la organización ha dado a Teherán información clasificada norteamericana sobre los aparentes intentos iraníes de obtener armas atómicas. El trato, sin confirmar del todo, es confuso todavía, pero sugiere un movimiento destinado a mejorar el ambiente.
Como reconocía James Traub el domingo en 'The New York Times', lo malo del Tratado de No Proliferación es que reconoce el «derecho inalienable» de sus miembros a obtener combustible nuclear, aunque el procedimiento esté bajo control de la AIEA y que, por lo tanto, la solución general, para el caso iraní y otros que eventualmente puedan presentarse, es cambiarlo, lo que es poco menos que imposible.
El Parlamento iraní, para complicarlo todo, votó en su día una resolución que obliga al Gobierno a prescindir de la AIEA y seguir adelante con su programa atómico si el asunto era enviado al Consejo de Seguridad. Técnicamente, tal cosa no ocurrirá mañana y el preámbulo del envío formal a la ONU aún da un margen mínimo para un compromiso. Se vive el célebre 'último cuarto de hora' que ha consagrado la jerga diplomática francesa.