«Tenemos un 70% de probabilidades de ganar. En realidad, España es pan comido», dice Joachim Boldsen, el aguerrido central danés, al diario Extra Bladet. «Francia da mucho miedo, pero con España se puede discutir, como demostró al empatar con Alemania», matiza su seleccionador, Ulrik Wilbek, quien antes hizo ese trabajo con la selección femenina, más popular aún que la masculina en su país. ¿En qué basan tanta confianza?
A partir de un planteamiento muy creativo, incluso revolucionario en conceptos defensivos, Dinamarca ha sistematizado un ataque rapidísimo en cuanto a la velocidad del balón, y muy vertical en las acciones de la primera línea, dirigida por el citado Boldsen con más valentía que cabeza.
La segunda línea, la titular del Flensburgo alemán, es excelente: el extremo Christiansen es, además, un gran lanzador de penaltis; su colega zurdo, Stryger, parece un corredor de 100 metros lisos en el contraataque, y el pivote Knudsen brilla desde hace dos años, cuando Dinamarca derrotó a España (24-20) en el Europeo de Eslovenia, último encuentro oficial entre entre ambas selecciones.