San Blas, obispo y mártir, como rezan los misales, ostenta el cargo, o título, de abogado contra los males de garganta. De él se dice que obró muchos milagros y que curó a muchos enfermos, que falleció en Sebaste (Armenia) y que padeció uno de esos martirios bíblicos y crueles. Cada 3 de febrero, en Jove celebran la onomástica de este santo con kilos y kilos de rosquillas. Ayer, cientos de gijoneses rindieron culto al mártir y, aprovechando la coyuntura, endulzaron su día con los tradicionales dulces de San Blas.
Quien había acudido otros años a este celebración reconocía que, este año, las rosquillas estaban «muy ricas». Y era cierto, tan sólo había que ver que en algo más de treinta minutos los 485 kilogramos de rosquillas puestos a la venta prácticamente habían desaparecido. La entrada a la parroquia era un trasiego de bolsas repletas de los redondos dulces. La intención era continuar con la venta durante la tarde y al día siguiente, pero la posibilidad de que hoy quedasen remanentes se vislumbraba complicada.
Pero el del tiempo de venta no fue el único récord que se batió ayer. También el de asistentes. Cientos de personas abarrotaron la iglesia de Jove, en donde, a las tres cuartos de hora antes de que empezase la misa no había ni un banco libre. Los más madrugadores esperaban a la puerta del templo ya a las diez de la mañana. Y a la salida, en la abarrotada marquesina del autobús esperaba la gente .
Tras la misa, calificada por los presentes como «muy guapa», llegó el momento de sacar la imagen del santo en procesión por el pueblo. Sobre la peana, cuatro personas se encargaron de mostrar al mártir que, una vez devuelto a la iglesia, hubo quien se acercó a visitar al santo y las reliquias.
Misa para los niños
Por la tarde, llegó el momento de los niños, que recibieron una bendición especial durante la eucaristía que se celebra tradicionalmente para ellos. Tras la ceremonia, de nuevo se inició la venta de las pocas rosquillas que aún quedaban en las cajas. Las encargadas de venderlas fueron las mujeres, que durante el lunes y el martes de esta semana se habían encargado, por las tardes, de empaquetar los casi 500 kilogramos en bolsas y cerrarlas. Ayer se ponían manos a la obra y, sin tiempo para el descanso, repartían, cobraban y daban cambio.
El motivo por el que se venden las rosquillas responde a la capacidad del dulce para aliviar las molestias de la garganta, y al ser San Blas el protector de ésta, en su onomástica siempre se acompaña de algún tipo de confite. Además, el santo es el patrón de los laringectomizados, que todos los años acuden a la celebración de Jove para rendir culto a sus santo.