HOMBRE, para qué engañarnos: uno no trabaja tanto como un obrero norteamericano que haría empalidecer de envidia al mismísimo número ruso Alexei Stajanovov (no el que trabaja 'a estajo', según definición de Dascoíte, sino el creador del estajovinismo). Una envidia que se transformaría en admiración en el supuesto de que fuera algún empresario quien escuchara estas palabras del currante yanki: «Como parece que la empresa no está obteniendo los beneficios que debiera, hablaré con el jefe para que me despida sin ningún tipo de indemnización. Y como se me ocurriera elevar la más mínima protesta al respecto, llamaré yo mismo a las fuerzas del orden público para que me aporreen convenientemente».
Lo dicho: que no llega mi espíritu laboral a tan altísimas cotas. Pero que conste que tampoco uno es un vago recalcitrante como afirma mi suegra y otra gente cercana. De eso nada, que aquí me tienen día tras día a la búsqueda y captura de tertulias y comentarios que transcribir a los amables lectores. Con la circunstancia agravante de que en la mayoría de las ocasiones salgo de cacería a esos templos de la facundia llamados sidrerías, y que hasta hallar conversaciones o reflexiones enjundiosas me veo obligado a recalar en varias y, claro, como la carne es débil, acabo por beber sidra 'a esgaya'.
Mas no se preocupen, puesto que mientras el hígado aguante continuaré en la brecha para ofrecerles fragmentos de tertulias, cual es el caso de la que a continuación les transcribo, aprehendido en la sidrería sede de los filósofos integrantes de la Escuela Peripatética de Caleya, donde, por cierto, el plato del día más solicitado en el 'platón' de fabes:
«-...Es verdad que, pese a mi aversión a la cosa política, he decidido solicitar mi ingreso en un partido; pero, eso sí, con el mismo espíritu con el que mi maestro Diógenes, en ocasión de ver cómo un arquero fallaba constantemente en los disparos, se situó junto al blanco para que no lo hiciera. Desde dentro podré comprender porqué yerran tantísimo- dijo Dalmacio el Cínico.
-Hasta que los filósofos nos encarguemos del Gobierno, o los que gobiernan se conviertan en filósofos, no podrá ponerse fin a las miserias de los estados- intervino el pensador existencialista Fredo Kierkagar.
-¿Ya me gustaría a mí ver a Gustavo Bueno como ministro de Asuntos Exteriores!- apostilló el cínico...».