EVITO ver la Gala de entrega de los Goya, del mismo modo que evito las fiestas fin de curso de mis sobrinas. Son dos de las cosas más aburridas que uno puede contemplar en la vida. Si me dan a elegir, sin ningún género de dudas elijo la segunda opción. Y es que tanto una festividad como otra van dirigidas a la familia. A la familia de los artistas, iluminadores, figurinistas, actores, directores... Del mismo modo que las fiestecillas de los colegios van directas a la lágrima fácil de tías, abuelas y demás parentela.
Creo que la Gala de los Goya la siguen con atención los aquellos que participan directa o indirectamente del mundo del espectáculo... Ese... «buenas noches y bienvenidos a la... edición...» ya es de por sí soporífero. Y sólo uno está en disposición de disfrutar de los «dientes, dientes» de los galardonados y sus últimas conquistas cuando miran de reojo a los perdedores . O de sus modelones imposibles, de esos que por falta de venta se prestan para mayor gloria de las estrellas patrias, que no se vieron en otra.
Una gala es mejor -más entretenida- cuanto más corta. Del mismo modo que nunca veo los Goya. Lo siento mucho, pero lo doy por visto. Me encanta ver entregas como los Oscar o los César. Son cortos y los personajes parecen tener mas enjundia. Es decir, una entrega de premios es mararvillosa vista en un resumen y sus protagonistas han de resultar desconocidos. Ver a Antonio Resines de nuevo y a Concha Velasco otra vez aburre que mata y hasta desquicia si uno tiene un mal día. Es como ir al bar de debajo de casa y ver siempre a los mismos parroquianos bebiendo lo mismo y celebrando la nada. Diez minutos son suficientes para ver los momentos más emocionantes, si los hubiera o hubiese. Creo que la visión completa de ese espectáculo puede acabar con la cordura de cualquiera. Dicen que Berlusconi se quitó del sexo tras ver el cabello de Chenoa. Y que Raquel Mosquera se hizo ingresar en un psiquiatrico soñando con el vestuario de otrora ye-yé Conchita Velasco, reconvertida para el evento en presentadora. Por miedo a esas u otras reacciones de mi organismo, no veo la Gala de los Goya y creo que no soy la única.