INTENTÉ ver la Gala de los Goya, en serio. A las veintidós veinte, tras el «breve» discurso de la presidenta de la Academia, recobré la consciencia para ver cómo a Carmelo Gómez le pillaban en pleno apretón. «Ah, este año la ceremonia no es original, pero le van a poner emoción, al menos», pensé. Eran las once y algo cuando unos anónimos técnicos ganadores de algo agradecían a Pepito y a Manolito la ayuda prestada y zzzzz. A las doce y poco, abrí un ojo para ver a Fulano de Tal haciendo un chiste malo antes de abrir un sobre. A las tantas más tarde, un espasmo me hacía levantarme para ver a Antonio Resines y Concha Velasco haciéndose un lío. Eran sólo las dos y diez de la madrugada, cuando Antonio Banderas me hacía salir huyendo en dirección a la cama, y es que a esas horas ya no sabía si iba a dar un galardón o cantar de nuevo 'Rema, Rema' junto a Santana.
De acuerdo: no voy a ser el que defienda lo indefendible: la ceremonia de los Goyas fue un ladrillo. Queremos copiar a los americanos... sin ser americanos. Y así no vamos a ninguna parte si pretendemos vender el cine español, que es exactamente lo que no hacemos con ceremonias tan aburridas. ¿Es el cine español tan malo y cutre como nos hacen ver los Premios Goya? Pues no. Vale, de acuerdo: 'Torrente 26', 'Las aventuras de Borjamari y Pocholo' o los experimentos de Ricardito Bofill no contribuyen, precisamente, a dar una buena imagen. A lo mejor, se ruedan demasiadas películas. Pero a ver si nos creemos que en el resto de los países no cuecen habas. Lo que pasa es que aquí no las llegamos a ver. En Italia, Alemania o Reino Unido filman bodrios infumables. En Francia hacen películas incluso más aburridas que las que llegan a estos lares (que ya es decir).
El mal de muchos es un consuelo de tontos, pero también es cierto que somos especialmente duros con el cine patrio. No se nos da bien el autobombo, y así nos luce el pelo. Y cuando asoma alguien la cabeza, le atizamos con el mazo con el que se da al que «se vende al cine comercial». No tenemos remedio. Nos merecemos una vuelta al cine de Pajares y Esteso. ¿Recuerdan? 'Los bingueros', 'Los energéticos', 'Los chulos'. ¿Ahhh, qué tiempos aquellos!