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Sábado, 4 de febrero de 2006
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MÚSICA
Fascinante Chee-yun
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DECÍA D'Ors que los jueves en Madrid, si tomas un café te dan una conferencia. En el teatro Jovellanos de Gijón empieza a pasar algo parecido: si vas a un concierto, por el mismo precio, te gasean con una conferencia. Esta iniciativa pedagógica del Jovellanos puede ser buena, pero sin duda, también, peligrosa. Por eso, si el teatro Jovellanos, la dirección de la OSPA o los responsables de este 'cocido' de dudoso calado pedagógico consideran que las introducciones de Pachi Poncela son útiles para clarificar las obras que se van a interpretar, estupendo. Existen unas notas al programa en las que Pachi puede transmitir todas esas observaciones, sin duda interesantes y que estoy seguro que leeremos con inmenso placer y libertad. Pero, por favor: ¿Qué cese esta instructiva e insólita introducción verbal que lo único que hace es retrasar el concierto e impacientar al público!

Para situar a 'Metamorfosis', el Concierto Nº 2 para violín y orquesta de Penderecki, diremos sin animo de establecer criterios de valoración que no ni es una obra de vanguardia, ni de grandes innovaciones de textura y forma. Se asienta en una síntesis de la tradición musical europea romántica y barroca. Estructuralmente, la obra se asocia a aquellas fantasías instrumentales del romanticismo, por ejemplo la 'Fantasía en fa menor para piano a cuatro manos', de Schubert, en la que a través de un único movimiento se despliegan y fusionan diferentes tiempos. Estilísticamente, la forma de oposición entre solista y orquesta y la textura polifónica responde a una asimilación del barroco musical y, especialmente en el tratamiento del solista, de Bach. Sobre ello se superpone un sentido elegiaco de Penderecki.

El resultado de todo ello es una obra maestra, directamente comunicativa, fuertemente contrastada en los movimientos internos, y al mismo tiempo, radicalmente emocional, entrecruzada por densos diálogos entre violín y orquesta. Y es aquí, en este continuo e incesante entrecruzamiento de tiempos, densidades de textura y tensiones expresivas en donde la musicalidad de Chee- Yung resultó arrebatadora. Bellísima versión, sólidamente estructurada por Valdés con la Ospa y soberbiamente interpretada por una violinista que más allá de la técnica posee una hondura expresiva que conmociona. ¿Bravo!



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